viernes, 17 de abril de 2026

El estrés continuado en el trabajo se paga en la vejez



Un estudio realizado en Finlandia relaciona la tensión laboral prolongada con problemas de salud posteriores 

 El estrés laboral continuo tiene una alta relación con los problemas de salud y con las largas estancias hospitalarias que se pueden padecer en la vejez, ha concluido un estudio llevado a cabo en Finlandia. 

 Esta investigación, realizada sobre 5.000 trabajadores finlandeses del sector público entre 44 y 58 años y publicada en la revista 'Age and Ageing', ha revelado las consecuencias que ha tenido el estrés laboral en estas personas -tanto en la parcela física como en la mental- después de que fuesen encuestadas previamente en 1981 sobre el nivel de estrés que padecían en sus puestos de trabajo en aquel año. 

 El estrés mental laboral puede venir de por un cumplimiento de objetivos muy apretado, por las altas demandas y por el poco control que una persona puede tener sobre su trabajo. Por su parte, el estrés físico incluye factores como sudor, falta de aliento y distensión muscular, apunta el estudio. 

 En este sentido, la directora de la investigación y gerontóloga de la Universidad de Jyväskylä en Finlandia, Mikaela von Bonsdorff, ha asegurado que un exceso de estrés puede ser peligroso para las personas. "El estrés en el trabajo es algo que se percibe individualmente, con lo que las personas que trabajan en algo similar pueden proporcionar distintos tipos de estrés laboral. Las sensaciones ocasionales de este tipo de estrés no son necesariamente algo negativo, pero el estrés continuo sí ha sido identificado como un peligro para la salud", ha indicado. 

 El estudio señala que cuanto más estrés haya en la mitad de la vida de las personas, el número de días de permanencia en el hospital en caso de ser ingresado tiende a incrementar. La investigación también destaca que tanto para hombres como para mujeres, la estancia hospitalaria se incrementa en función del nivel de estrés físico de la persona, pero no sucede lo mismo con el estrés mental, donde esta relación sólo está clara en los hombres. 

 Además, las personas con un estrés laboral bajo pasan de media ocho días al año en el hospital, comparado con los 13 días que pasan las personas que sufren un estrés laboral alto, recoge el estudio. 

 "Lo interesante fue que estas relaciones eran claras cuando nos fijamos en la atención hospitalaria que tuvo lugar después de que los individuos habían cumplido 65 años, lo que indica que estas relaciones eran evidentes cuando la persona estaba en una edad avanzada, y no que la relación se debía a la atención hospitalaria que tenía lugar inmediatamente después de la evaluación inicial de la tensión laboral", ha afirmado von Bonsdorff.


viernes, 10 de abril de 2026

Postres deliciosos en pocos minutos

Los cambios en el estilo de vida, la prisa y las modas han llegado también a la mesa. Una gran mayoría de españoles come fuera de casa y otros disponen de muy poco tiempo para cocinar. Por ello, han aparecido a lo largo del tiempo enseres con los que es sencillo preparar nuestra alimentación de forma rápida pero sin perder las cualidades de los alimentos.



Flan de huevo 
Así se prepara: 4 minutos





Ingredientes para 4 personas: 4 huevos, 4 cucharadas de azúcar, 1/2 litro de leche, 3 cucharadas de azúcar para caramelizar el molde.

Preparación: 

Con las tres cucharadas de azúcar y un poco de agua se prepara un caramelo y se carameliza muy bien un molde para flan.

La leche se mezcla con los huevos y el azúcar. Se bate todo con ayuda de la batidora y se pasa por un colador para que no quede ningún grumo. Una vez bien mezclado, se vierte en el molde. Se pone un poco de agua en la olla a presión, se coloca la flanera y se tapa.

Se pone la olla en el fuego al máximo y cuando suba la primera válvula se baja el fuego a la mitad. Cuando suba la segunda anilla se deja cocer durante cuatro minutos. Pasado el tiempo, se retira del fuego y se deja enfriar. Después, se saca el flan y se desmolda. Se sirve acompañado de canutillos.


Delicias de fruta 
Así se prepara: 12 minutos




Ingredientes para 4 personas: 400 g de manzanas golden, 300 g de peras, 20 g de piñones, 30 g de pasas, 100 g de leche, 70 g de azúcar, 60 g de harina, 1 limón, 2 huevos, mantequilla.

Preparación: 

En una bandeja apta para microondas y ligeramente untada con un poco de mantequilla se coloca toda la fruta cortada en pedazos no demasiado pequeños. Se mete en el microondas y se cocina durante cinco minutos a 700 w.

Mientras, se baten los huevos con el azúcar —se reserva un poco de azúcar—, se añade la harina y la corteza de limón rallada. Se saca la fruta del horno y se reparten por encima las pasas y los piñones, se vierte la mezcla de huevo batido y se tapa con papel adherente.

La bandeja de horno se mete de nuevo al microondas y se cocina durante otros cinco minutos sin variar la potencia. Pasado el tiempo, se deja reposar dos minutos dentro del horno. Se sirve frío, espolvoreado con el azúcar reservado.


 
Pera cocida con caramelos y pasas 

Así se prepara: 10 minutos





Ingredientes para 4 personas: 4 peras, 250 g de mantequilla, 50 g de azúcar, grosellas —u otra fruta roja—, 1 vaso de vino blanco, 1 rama de canela, 1 rodajita de limón, 50 g de pasas, 1 vaso de zumo de pera.

Preparación:

En una sartén pequeña se funde un poco de mantequilla, cuando esté bien líquida se añade el azúcar y se remueve con una cuchara de madera hasta que se disuelva muy bien. 

A continuación, se vierte el vino blanco y el zumo de pera y se deja cocer lentamente. Después, se incorporan las pasas, la canela y la rodaja de limón y se deja cocer durante cinco minutos. Pasado el tiempo, con ayuda de una espumadera se retira la canela y el limón y se deja reposar. 

Las peras se pelan y se cortan en rodajas gruesas a lo largo. Se extiende un poco de mantequilla en la plancha y se calienta a 170º C. Se doran las rodajas de pera durante un minuto por cada lado. 

Se colocan en un plato y se rocían con la salsa preparada. Se sirven calientes y si gusta adornado con alguna fruta roja.

viernes, 3 de abril de 2026

"La Asturianita"


Todos creían que era una espía. Perdió los brazos y aprendió a hacer cualquier cosa con los pies. Dio la vuelta al mundo. Pero republicanos y franquistas la enviaron a prisión 

Lo nunca visto. El caso más portentoso de reformación humana mediante la voluntad. La artista sin brazos, ni los tiene ni los necesita. Es tiradora al blanco. Toca piano, violín, acordeón y xilófono. Es profesora de caligrafía. Es una excelente mecanógrafa. Juega al billar y a cartas. Conduce un automóvil con la ayuda de sus pies. Hace caricaturas de uno del público. Hace toda clase de labores propias de su sexo: corta, enhebra una aguja, cose...”. Así se anunciaba en 1933 la actuación en un teatro de Lleida de Regina García López, La Asturianita. Una mujer excéntrica con una vida de película, a la que republicanos y franquistas encarcelaron por el mismo delito: espiar para el bando contrario. 

Regina García, segunda de ocho hermanos, había nacido en 1898 en Valtravieso, una aldea asturiana de 25 casas y 63 habitantes. Un accidente en el aserradero de su padre cuando tenía nueve años le arrancó los dos brazos. Un asturiano que se había hecho rico en Argentina se ofreció a pagar su educación en el Colegio del Asilo, donde iban los hijos de las mejores familias de Luarca. Más tarde, propuso a sus padres adoptarla y llevársela a Buenos Aires, pero estos no aceptaron. Incluso contrató a un especialista alemán para que le implantara unos brazos mecánicos. El experimento no funcionó. 

Cuando Regina cumplió los 15 años le dijeron que tenía que dejar sitio a otra niña en el colegio. Para entonces, había decidido que quería ser maestra. “La gente le decía '¿pero cómo vas a ser maestra sin brazos? ¡Olvídate! Duerme, come, reza”, relata su hijo Marcelino, de 86 años. “Poco después intentó suicidarse tirándose desde un acantilado”. Aquel día vio, en el camino de regreso a casa, a unos titiriteros con monos que cogían cosas con las patas. “Mi madre pensó: 'Si ellos lo hacen, yo también'. Y empezó a ensayar haciendo garabatos con los pies. Pensaron que estaba chiflada”. Fue la primera vez que la dieron por loca. La primera de muchas. Pero Regina iba a recorrer el mundo y a hacerse rica con aquella locura.

Debutó en el Teatro Jovellanos de Gijón, actuando para la infanta María Teresa de Borbón en 1917, y durante los años siguientes visitó 42 países de gira (Turquía, Egipto, Brasil, Argentina, Venezuela, EE UU...) con su espectáculo, siempre en teatros. Nunca quiso actuar en circos. En 1933, según recoge María Teresa Bertelloni, su nuera, en la biografía Regina García López, La Asturianita, fue recibida por el presidente Roosevelt en la Casa Blanca, adonde llegó, como era costumbre en sus actuaciones, conduciendo ella misma con los pies. El presidente estadounidense le tendió instintivamente la mano y La Asturianita le ofreció el pie. 

En una de sus actuaciones, en Avilés, Regina conoció al que sería su marido, entonces, un admirador. Se casaron en 1922 y tuvieron tres hijos: María, Marcelino y Juan, este último nacido en mitad de una gira, en un barco de bandera alemana en aguas de las Azores. En 1928 se separaron. “Mi madre tenía una personalidad arrolladora. Era un cerebro y los hombres en aquella época querían ser tutores de las mujeres”, explica Marcelino. “Lo mismo que le atrajo de ella fue lo que les separó. Tengo la impresión de que mi padre se sentía desbordado por ella”. 

El 27 de marzo de 1936, antes de comenzar una actuación en un teatro de Luarca, Regina quiso hablar de sí misma: “Los niños huían de mí... Obtuve las primeras revelaciones de la compasión, que hiere, que humilla. Las gentes derramaban sobre mí sus miradas piadosas. '¡Pobre manquina!', decían. '¡Y para los suyos, qué carga!'. Esto amargaba mi espíritu. Con la voluntad hecha acción, aprendí, trabajé, gané, gasté, soñé, amé y realicé, porque dentro de mi cuerpo mutilado está el alma de una mujer de cuerpo entero...”. Y a continuación, presentó su gran proyecto, Selección, con el que pretendía recaudar fondos en sus giras para pagar los estudios a chavales de aldea sin medios pero con aptitudes. 

Recibió muchas críticas por aquel proyecto, como recoge Luis González Fernández en Regina, el coraje de una mujer (Madu ediciones). El semanario La Democracia arremetió contra ella por pretender educar a los niños “sin Dios”. La Voz de Asturias la elogiaba: “Es excepcionalmente culta y siente inclinación fervorosa hacia la enseñanza (...) No veáis en ella el número de varietés, ved en ella a Regina García, altruista, filántropo, apóstol”. 

Es verdad que Regina era muy culta. Hablaba cinco idiomas: portugués, francés, inglés, alemán e italiano. Por eso el encargado de información del Ministerio de la Guerra, Ángel Pedrero, le propone trasladarse a Francia para espiar para la República. Regina se niega. Había llegado a Madrid poco antes de que estallara la Guerra Civil con un contrato en La Zarzuela para recaudar fondos para los niños de Luarca. Y en abril de 1937 es encarcelada en la prisión de Ventas, acusada de espiar para los franquistas. 

Al caer Madrid en manos del bando nacional, el 1 de abril de 1939, Regina sale de la cárcel. Pero por poco tiempo. Para celebrar su libertad, decide ir al cine. Llevaba un vestido-capa que disimulaba su defecto y al terminar la película fue la única que no hizo el saludo fascista. “¡Brazo en alto!”, le gritó un falangista. “Yo no levanto el brazo ni aunque me lo pida el mismísimo Franco”, contestó. “Pues queda usted detenida”. El episodio lo cuenta ella misma en su diario y lo recuerda bien Marcelino: “Mi madre no se callaba nunca. Protestaba sin medir las consecuencias. Era muy temperamental”. Regina terminó mostrando al falangista que no tenía brazos y explicó que acababa de salir de la cárcel, donde la habían metido los republicanos. La dejaron marchar, pero ella vería varias veces a aquel falangista espiándola. Poco después, el Régimen le pide que colabore como soplona. Regina también se niega esta vez y es encarcelada de nuevo, ahora por los franquistas. La prisión de Ventas es ahora un penal abarrotado en el que ingresan cada día entre 80 y 100 reclusas, según recoge González Fernández en su libro. Durante su estancia será trasladada varias veces al psiquiátrico. Ella misma explica en su diario que tenía alucinaciones. “Voy perdiendo la noción de todo y los ruidos en mi imaginación son completamente distintos a lo que deben ser...”. El 5 de agosto de 1939, Regina oye llamar a 13 compañeras que serán fusiladas esa madrugada y pasarían a la historia como Las 13 rosas.

El 3 de marzo de 1942 se celebra su juicio. “Llevábamos seis años sin ver a mi madre y casi no llegamos ese día porque a mi tío le parecía un capricho gastar el dinero en que viajáramos a Madrid para el juicio”, recuerda Marcelino, que entonces tenía 16 años. El que no estuvo fue su marido. 

El juicio dura ocho horas. Tres agentes franquistas la acusan de crear “una vasta organización internacional calificada por ella como Selección, de corte masón”. Falange dice que es “bastante peligrosa”. La policía militar de Madrid la considera, sin embargo, “afecta al glorioso movimiento nacional y políticamente de toda confianza, habiendo estado presa con los rojos la mayor parte de la guerra y adquiriendo su libertad el mismo día de la liberación de Madrid”. La Guardia Civil de Luarca advertía: “Muy propagandista del comunismo. Es peligrosísima para la causa ya que por su cultura se desenvuelve con mayor facilidad”. Y en el informe de Sanidad Militar se lee: “Habla en tono autoritario. Aunque perfectamente lúcida, sus contestaciones se desvían enseguida del tema principal a asuntos accesorios de que ella quiere hablar. Niega las sospechas que pesan sobre ella como espía internacional y dice que es víctima de una intriga. Los médicos que suscriben opinan que padece una parafrenia sistemática”. El fiscal pidió para ella la pena de muerte por “prestar servicios como confidente a las órdenes del subnegociado de servicios especiales del Estado Mayor Rojo”. Finalmente, fue absuelta por loca, pero enviada a un psiquiátrico. 

Un año después, Regina seguía recluida en la sala de dementes de un hospital. Y allí murió el 19 de mayo de 1942. Su abogado llegó un día tarde: el 20 de mayo de 1942 pidió que le dieran la libertad total. 

Los franquistas se incautaron de todos sus bienes. Marcelino cree que su madre no murió de tifus, como le dijeron, sino que fue envenenada. “En su diario había dejado escrito que temía por su vida”, explica. “No estaba loca, pero no era una mujer corriente. Yo la admiraba muchísimo, como si no fuera mi madre. Me parecía infalible”. 

Regina García tenía 44 años el día que murió. Le había dado tiempo a recorrer el mundo, a enamorarse, a ser madre, a demostrarle a todos que podía hacer mucho más que comer, dormir y rezar.