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viernes, 20 de febrero de 2026

El FBI amplía la definición de violación para incluir las víctimas masculinas

Hasta ahora solo contemplaba "el conocimiento carnal de una mujer a la fuerza y contra su voluntad"


Durante ocho décadas, la definición judicial de violación en Estados Unidos ha sido la misma. El gobierno federal y el FBI sólo han aceptado tradicionalmente una descripción: “el conocimiento carnal de una mujer a la fuerza y contra su voluntad”. Eso ha cambiado este viernes. El Departamento de Justicia ha presentado una nueva definición oficial, más amplia, que incluye a los varones entre las víctimas y que elimina la condición de que las mujeres se hayan tenido que resistir físicamente a sus violadores.

A partir de ahora, de cara a las investigaciones de los agentes del FBI, la policía judicial, la violación se entenderá como “la penetración, por leve que sea, de la vagina o el ano con cualquier parte del cuerpo u objeto, o penetración oral por el órgano sexual de otra persona, sin el consentimiento de la víctima”. El último año del que hay datos, 2010, el FBI registró 84.767 violaciones en EE UU. Esa cifra, con la nueva definición, aumentará de forma considerable a partir de 2012.

“Las violaciones son un crimen que no se podrá resolver hasta que no haya un entendimiento amplio de su alcance”, dijo el vicepresidente norteamericano, Joe Biden, al presentar la modificación. “Este cambio, muy esperado, de la definición de violación es una victoria para las mujeres y los hombres de todo el país cuyo sufrimiento no ha sido reconocido durante los pasados 80 años”. Fue Biden quien inició el cambio de definición el verano pasado, en un consejo de ministros presidido por Barack Obama.

La definición de violación como algo que sólo sufrían las mujeres y que debía ocurrir con resistencia física estuvo vigente desde 1929. Por eso, el FBI no contaba en sus estadísticas las violaciones masculinas o, por ejemplo, aquellos casos en los que la víctima había sido drogada y no había opuesto resistencia física a su agresor. En realidad, y según datos del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades del gobierno federal, una de cada cinco mujeres y uno de cada 71 hombres de EE UU han sido agredidos sexualmente alguna vez en su vida.

“Dado que muchas violaciones se ven facilitadas por las drogas o el alcohol, la nueva definición reconoce que una víctima puede haber sido incapacitada, y, de ese modo, puede no haber aceptado las relaciones porque había ingerido drogas o alcohol. Del mismo modo, una víctima puede no haber dado su consentimiento por su edad”, explica Susan B. Carbon, directora de la Oficina sobre Violencia contra las Mujeres del Departamento de justicia. “La resistencia física no es algo que deba exigírsele a la víctima para demostrar una falta de consentimiento”.

Las estadísticas del FBI son importantes porque sirven también para que el Congreso distribuya fondos en los diversos estados para luchar contra ese crimen. El cambio tardará varios años en implementarse de forma plena, según fuentes del Departamento de Justicia.

 

 

jueves, 9 de agosto de 2012

Dos fármacos desenganchan a ratas de la cocaína


Un ensayo logra controlar el comportamiento compulsivo que se asocia con esta sustancia

Convertir una rata en adicta a la cocaína es fácil. Revertir el proceso empieza a ser posible. Una combinación de dos medicamentos conocidos para tratar el abuso de otras drogas ha conseguido resultados en esa línea. Y después de los roedores, ya se sabe: llegarán los ensayos en humanos. El trabajo, que ha sido llevado a cabo por el Instituto Scripps, ha sido publicado en Science Translational Medicine. 

 En el ensayo se probó una “ajustada” combinación de buprenorfina y naltrexona, según los autores. No se trata, como se ha intentado otras veces, que el adicto sufra rechazo o malestar cuando toma la droga. Los objetivos eran más sencillos: controlar el comportamiento compulsivo que se asocia con esta sustancia. Por eso no es raro que los dos medicamentos utilizados sean ya conocidos para tratar otras adicciones, explican los investigadores. La buprenorfina es un sustitutivo de la heroína; la naltrexona se utiliza para combatir el tabaquismo y el alcoholismo. 

 Como se ve, de las principales adicciones, la de la cocaína es —junto a la del hachís— una de las más desasistidas farmacológicamente. No existen en el mercado tratamientos para la deshabituación. 

 Los medicamentos usados actúan en la clave de las adicciones: el circuito de recompensa del cerebro. Con las drogas, este se estimula. Así empieza la adicción: a más placer, más ganas de repetir. No de una manera consciente. Es que el cerebro pide más, y cuando no lo consigue envía señales de desazón. Así es como empieza el enganche. 

 Lógicamente, como siempre hay que repetir en estos casos, el ensayo es en ratas. La idea de que pueda extrapolarse a humanos es lejana. Pero, por lo menos, está ahí. Si unas ratas sin más fuerza de voluntad que su instinto han sido capaces de reducir el consumo compulsivo de cocaína, se supone que una persona con ganas de dejar la droga podrá conseguirlo antes.