Mostrando entradas con la etiqueta sobrepeso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sobrepeso. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de enero de 2026

Diabetes: 5 cosas que no sabes


1. La contaminación influye. Las personas con mayor acumulación en el organismo de unos contaminantes llamados compuestos orgánicos persistentes (COP) tienen el triple de riesgo de padecerla. Los COP provienen de los residuos industriales y los pesticidas agrícolas y llegan a nosotros a través de los alimentos.  

2. Necesitas sol. Sobre todo si te sobran unos cuantos kilos. La combinación de obesidad con niveles bajos de vitamina D en sangre supone un riesgo mayor de resistencia a la insulina que cualquiera de esos factores por separado. Esta vitamina, que obtenemos tomando el sol, se acumula en los tejidos adiposos perdiendo así su disponibilidad. Por este motivo, las personas con sobrepeso tienen más posibilidades de tener bajos estos niveles. 

3. Para prevenir, pesas. El entrenamiento con pesas ayuda a prevenir la diabetes tipo 2, aunque de momento este dato solo se ha comprobado en hombres. Se calcula que practicar este ejercicio durante media hora al día, cinco días a la semana, reduce el riesgo de padecer diabetes en un 34%. 

4. Perjudica tu salud sexual. La diabetes afecta a la sexualidad femenina porque provoca cambios en los tejidos urogenitales, que afectan a la lubricación y alteran la respuesta de la excitación sexual. 

5. Fumar es un riesgo. El tabaquismo favorece la aparición de la diabetes tipo 2, tanto en los fumadores como en quienes les rodean. Las mujeres que fuman más de dos cajetillas al día son las que tienen mayores probabilidades de desarrollar la enfermedad, seguidas de aquellas que han dejado de fumar (un 12% más) y las afectadas por el tabaquismo pasivo. 



miércoles, 12 de noviembre de 2025

Las creencias falsas que alimentan la ‘gordofobia’: “Es que no se cuidan”

 

 

Buena parte de la población española identifica la obesidad como una consecuencia de decisiones individuales, una idea se aleja mucho de la evidencia científica y que estigmatiza a las personas con sobrepeso

 Oier acudió por primera vez a la consulta del endocrinólogo con apenas seis años de edad. El suyo es un caso de obesidad precoz no relacionado con malos hábitos alimenticios, sino de raíz biológica y genética. Hoy es un preadolescente que ha luchado durante toda su infancia contra un doble estigma. El primero es obvio y tristemente conocido, dado que el mero hecho de tener sobrepeso sigue siendo motivo de burlas hoy, como lo ha sido siempre; pero el otro es mucho más doloroso, y a menudo ignorado o silenciado por nuestra sociedad, el ser culpabilizado por su condición. Gente, y no sólo niños, sino también adultos, que atribuye su estado físico a que “no se cuida”, a que “come mal”, o a que “lleva una vida sedentaria”. No es culpa suya, matizan, sino de sus padres, que lo permiten. Pero nada de eso es verdad en caso de Oier. Ni en el de muchísimos otros niños, niñas y jóvenes con obesidad.

 Un estudio del grupo de investigación MediaIker de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) sobre la percepción de la obesidad en España pone cifras a este sesgo: el 47% de las personas encuestadas (850, de distintas edades y lugares, mitad hombres y mitad mujeres) identifican la obesidad como una consecuencia de decisiones individuales. Esta idea se aleja mucho de la evidencia científica, que define la obesidad como una realidad compleja y multifactorial. “Atribuir la obesidad a no cuidarse es un juicio equivocado, casi una aberración”, sostiene Miren Rodríguez, una de las investigadoras de MediaIker, grupo centrado en el tratamiento mediático de la alimentación en los medios de comunicación y redes sociales. En realidad, se debe a “un montón de factores: biológicos, relacionados con el apetito y el metabolismo; genéticos; emocionales, en especial a causa del estrés, la falta de autoestima y la medicación asociada a esos y otros problemas psicológicos; sociales, por las normas estéticas que se imponen; medioambientales, etc.”, explica.

 ¿Qué es lo primero que pensáis cuando veis una persona gorda?, se pregunta la madre de Oier en el documental 'Obesidad infantil. La pandemia ignorada', una producción de TBS que nace de la mano de Gasol Foundation, impulsada por los hermanos Pau y Marc Gasol. En los dos capítulos que ha estrenado Movistar Plus+ este mes aparecen también Andoni (9 años), Emily (7) o María (10). Niños tímidos, o rebeldes. Extrovertidos o acomplejados. Con pocos recursos económicos, o no tan pocos. Algunos solitarios, otros con vínculos sólidos de amistades y familia. Los menos, chavales maduros y fuertes mentalmente, como Oier.

 La idea errónea de vincular la obesidad con una cuestión de responsabilidad individual tiene sus raíces en la desinformación. “Al preguntar a los encuestados cómo se informaban sobre esta cuestión, muchos adultos señalaban campañas publicitarias que vieron en televisión hace años, mientras que el canal de información de los jóvenes son las redes sociales. En especial Instagram, la que más refuerza esta visión negativa de la obesidad”, relata la investigadora. Miren Rodríguez, que es profesora de Periodismo, pone el acento en la “violencia estética” que se impone en las plataformas sociales. Instagram es el equivalente universal al espejo de la madrastra de Blancanieves: ‘¿Espejito, espejito, quién es la más bella?’ 

Esta visión tiene además un sesgo de género. La mayor presión social para ajustarse a los estándares de belleza actuales recae en las mujeres. Y en este marco, “la delgadez es sinónimo de éxito, de deseabilidad, y lo gordo es sinónimo de fracaso”, escribe Rodríguez. La investigadora de MediaIker, grupo de analiza cómo los medios de comunicación tratan la cuestión de la obesofobia, destaca que existe una invisibilización mediática de los cuerpos que no son delgados: “Los niños, por la calle, ven todo tipo de cuerpos. Pero por las redes no. Y como ellos están cada vez más tiempo en las redes y menos en la calle, viven una realidad que no es real”, lamenta.

 Esta imagen negativa de la obesidad que se transmite desde los medios de comunicación y las redes sociales tiene consecuencias: la gordofobia, entendida como la aversión o el discurso de odio contra las personas gordas. Algunos casos salen a la luz pública, como ocurrió en 2023 con el fallecimiento de la actriz Itziar Castro, una de las voces que con más ahínco denunció este tipo de discriminación; o recientemente, los comentarios vejatorios por la elección de la cómica Lalachús para presentar las últimas campanadas de Nochevieja. Pero la mayoría de los casos permanecen bajo el radar mediático. 

“Al fin y al cabo, es un problema social”, reflexiona la psicóloga Esther Boada, que fue terapeuta de Oier. “Ahora se habla mucho más de la ansiedad y el estrés. ¿Y cómo gestionamos eso en nuestra sociedad? Generalmente, comiendo y bebiendo. ¿He aprobado el examen? Vamos a picar algo; ¿Estoy triste? Me como un helado en el sofá; ¿Estoy contenta? Me pego una comilona... Somos así, y no hay que demonizarlo, porque gestionamos las cosas como podemos. El problema viene cuando hay un estado prolongado de malestar y te acostumbras recurrir a la comida como mecanismo de compensación”, explica Boada.

 El mencionado documental de la Fundación Gasol también cae en buena medida en esta visión sesgada de las causas de la obesidad y sus remedios. La mayor parte de los expertos que intervienen y de los mensajes que se trasladan hacen hincapié en cuestiones relacionadas con la alimentación. En varias partes del montaje se invita a participar a padres e hijos en experimentos dirigidos a demostrar lo mal que comemos y lo poco conscientes que somos de ello. “Ese mensaje es muy reduccionista” opina la psicóloga Esther Boada. “Parece que quien está obeso es porque no tiene fuerza de voluntad, y eso genera más culpa, tanto en esas personas como en sus familias. Y desde la culpa no hay acción, porque la persona se bloquea. Claro que la comida ultraprocesada es perjudicial. Pero centrarse en hacer dieta para perder peso es un error, porque acostumbras a tu cuerpo a restringir. Esto es lo que se ha hecho siempre y no ha funcionado”, concluye la especialista en trastornos alimentarios.

 Pau Gasol, uno de los mejores deportistas españoles de la historia y su hermano Marc, que no anda lejos en ese ranking y además batalló de joven contra el sobrepeso y superó el estigma de la gordofobia, citan en los primeros segundos de 'Obesidad infantil. La pandemia ignorada', un dato que les chocó y les impulsó a participar de forma activa en la lucha contra esta lacra: “Por primera vez en la historia los niños van a vivir menos que sus padres”. Su objetivo es “modificar la percepción social e institucional de la obesidad infantil: es un reto de salud pública”, decía Pau hace apenas unos días en la presentación del primer estudio longitudinal Pasos (Gasol Foundation) sobre la evolución de los estilos de vida. Esta “pandemia silenciosa “afecta a más de 160 millones de niños y niñas en el mundo y a uno de cada tres en España. Y a pesar de su alcance y sus devastadoras consecuencias, “todavía se ignora y se invisibiliza”, lamentaba el mayor de los Gasol.

¿Por qué fallan tantas estrategias para combatir la obesidad?

Un artículo científico publicado hace apenas unos días por expertos de la Universidad Heinrich-Heine, en Düsseldorf (Alemania) expone que no sólo la sociedad yerra al poner el foco de la obesidad exclusiva o principalmente en la mala alimentación. También la propia ciencia podría estar equivocada en la aproximación que ha hecho hasta ahora para paliar el problema del sobrepeso. El análisis publicado en la revista médica señala que los cambios en el estilo de vida que recomiendan los médicos a personas con obesidad, centrados en la restricción calórica y el aumento de la actividad física, tienen escaso efecto en la pérdida de peso a largo plazo y no consiguen reducir significativamente los riesgos cardiovasculares. Sin embargo, pueden provocar discriminación, estigmatización y trastornos de la conducta alimentaria. Los autores señalan, además, que el peso por sí solo es una medida inadecuada de la salud de una persona, tal y como reflejan las directrices clínicas recientes, y proponen un enfoque de “salud para todas las tallas” con una atención eficaz e individualizada centrada en cada paciente.

​“Tenemos una forma de vida obesogénica y cuando les pedimos a los pacientes que lleven una vida saludable, les estamos pidiendo un esfuerzo tan grande que muchos de ellos no son capaces y esto genera impotencia y culpabilidad”, opina Mercedes Martínez Cortés, médica especialista en salud pública, en declaraciones recogidas por Science Media Centre (SMC). En la misma línea, Andreea Ciudin, endocrinóloga y coordinadora de la Unidad de Obesidad del Hospital Vall d'Hebron, arguye que “mantener el foco en perder peso provoca y perpetúa la fiebre de las estrategias milagro, de la imagen corporal y estética, y el uso inadecuado de tratamientos que son fármacos basados en hormonas, con mecanismos e indicaciones claras, que últimamente se han trivializado por este motivo y de los que se hace mal uso”. “La obesidad es un conjunto de enfermedades crónicas neuroendocrinas caracterizadas por alteración en la regulación del apetito y del metabolismo, que resulta en exceso y disfunción del tejido adiposo que impacta de forma negativa en la salud. Solo con esta definición vemos que no es ni un asunto de voluntades ni de kilos”, ilustra Ciudin, quien pertenece al Consejo Directivo de la Sociedad Española de Endocrinología y Obesidad.

Otros expertos que comparten sus opiniones sobre este artículo en SMC coinciden en la necesidad cambio en el foco del abordaje de la salud de las personas “El enfoque obesocéntrico se ha revelado no solo como ineficaz, sino como un problema relevante para la salud mental y física. Esta y otras evidencias, cada vez más comunes, exigen promover un modelo centrado en la persona, que priorice la salud integral del paciente y no solo el peso”, propone el doctor de Educación Física y Deportiva Luis Cereijo.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

PÍLDORA DEL DÍA SIGUIENTE Y OBESIDAD



La píldora del día siguiente pierde eficacia en obesas 
Un estudio apunta que la anticoncepción de emergencia podría resultar inútil para las mujeres que pesan más de 80 kilos. Un fabricante ya ha incluido una advertencia del riesgo en su prospecto 

 La píldora del día siguiente pierde eficacia para prevenir el embarazo en mujeres con sobrepeso y en obesas. Es la conclusión de un estudio europeo, realizado en más de 1.600 mujeres, que determina que aquellas con un índice de masa corporal de más de 30 tienen tres veces más riesgo de quedar embarazadas a pesar de haber tomado levonorgestrel —principio activo que en España se vende en dos marcas: Norlevo y Postinor— que las mujeres con peso normal. Aquellas con un índice superior a 25 (consideradas con sobrepeso) tiene 1,5 veces más riesgo. El resultado de este análisis, realizado en 2011 por investigadores británicos y franceses, y de otros ha llevado a la Agencia Europea del Medicamento (EMA) a pedir ahora a los laboratorios que informen a sus usuarias de ese incremento del riesgo. 

 El francés HRA Pharma, que comercializa Norlevo en varios países de la UE, ya lo ha hecho. Desde esta semana incluye en su prospecto la advertencia de que el fármaco —que retrasa la ovulación para evitar que se libere un huevo que se pueda fertilizar— es menos eficaz en las mujeres que pesan más de 75 kilos, y que puede ser completamente ineficaz en aquellas con un peso superior a 80. Los fabricantes que comercializan este principio activo en España —de venta sin receta desde septiembre de 2009— no han comunicado aún cambios en su prospecto a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, que tampoco ha recibido indicaciones europeas. 

 Cristina Puig, del Consorcio Europeo de Anticoncepción de Emergencia, cree que es pronto para ver cómo afecta la recomendación de la EMA a la práctica clínica. Recuerda, además, que hay otras terapias que pueden ser más eficaces que el levonorgestrel, que debe tomarse antes de que transcurran 72 horas desde la relación de riesgo. Como el acetato de ulipristal, conocido como la píldora de los cinco días siguientes —se vende como EllaOne y solo con receta—. Un producto que en los estudios ha demostrado dar mayor respuesta en las mujeres con sobrepeso. También existe la opción de implantar un DIU (dispositivo intrauterino) de cobre, el método más eficaz. 

 La agencia que regula en Estados Unidos los fármacos (la FDA) ha anunciado que, tras las recomendaciones de las autoridades europeas, revisará la eficacia de este producto —que en ese país se comercializa como Plan B— para las mujeres con sobrepeso.

Fuente: El País


miércoles, 12 de septiembre de 2012

Las mujeres que leen las etiquetas nutricionales de los alimentos están más delgadas


Un estudio apunta que la diferencia de peso entre quienes leen las etiquetas y quienes no lo hacen es de cerca de cuatro kilogramos. Las personas que viven en zonas urbanas y las que tienen estudios universitarios son más proclives a leer las etiquetas. 

 Las mujeres que leen las etiquetas de los alimentos para saber cuáles son sus componentes nutricionales están más delgadas, según revela un estudio hecho por centros de investigación de distintos países, entre los que se incluye la Universidad de Santiago de Compostela (USC). 

 El estudio, divulgado este miércoles por la USC, apunta que la diferencia de peso entre las que leen o no esas etiquetas es de cerca de cuatro kilogramos. 

 La investigación ha sido llevada a cabo también por las universidades estadounidenses de Tennessee y Arkansas y por el Instituto de Investigación de Economía Agrícola de Noruega, según señala un comunicado. 

 El estudio indica que las personas que viven en zonas urbanas y las que tienen estudios universitarios son más proclives a leer las etiquetas, y mucho más las mujeres que los hombres. 

 El 58% de los hombres encuestados afirma leer habitualmente o siempre la información sobre el contenido nutricional, pero entre las mujeres la tasa alcanza el 74%, según el estudio. 

 La profesora de la USC María Loureiro, autora principal del estudio, que ha sido publicado por la revista Agricultural Economics, indicó que las mujeres que leen las etiquetas tienen un índice de masa corporal 1,48 puntos menor, mientras que esta diferencia es de solo 0,12 puntos en hombres. 

 Según la USC, el estudio concluye también que las personas fumadoras, que generalmente tienen un estilo de vida menos saludable y se despreocupan más de los que comen, suelen leer menos las etiquetas.