martes, 19 de junio de 2012

Una juez declara inconstitucional la ley de Canadá que prohíbe el suicidio asistido

Gloria Taylor, demandante de la inconstitucionalidad de la prohibición del suicidio asistido en Canadá. / DARRYL DYCK (AP) 

Ha dado al Parlamento un año para que cambie una legislación que data de 1892. El Gobierno estudia recurrir la sentencia 

  EVA SÁIZ

 Una juez del Tribunal Supremo de la provincia canadiense de la Columbia Británica ha declarado inconstitucional la ley nacional que prohíbe el suicidio asistido por discriminar a los enfermos físicamente discapacitados. La resolución, sin embargo, no entrará en vigor hasta dentro de un año, el tiempo que la magistrada Lynn Smith ha concedido al Parlamento de Canadá para que modifique la legislación. 

 En su sentencia, de casi 400 páginas, Smith señala que el suicidio no es ilegal en Canadá, por lo que la ley de 1892 que penaliza el suicidio asistido “contraviene el artículo 15 de la Carta Magna que garantiza la igualdad de derechos. [...] Con la normativa actual, las personas válidas tienen más derechos que las inválidas o las minusválidas para acabar con su propia vida”, concluye la juez. La resolución del Supremo da la razón a las cinco personas que interpusieron la demanda, entre las que se encuentra Gloria Taylor, una mujer de 64 años que desde 2009 padece esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y cuyo frágil estado de salud -está en silla de ruedas y tiene que ser alimentada a través de un tubo- provocó que se acelerara el proceso durante el pasado mes de agosto. 

 “La distinción que hace la ley es mucho más palpable en personas como la señora Taylor, que padecen una grave enfermedad degenerativa, impedidas físicamente pero mentalmente lúcidas y a las que se les impide disponer de sus propias vidas, a diferencia de las sanas”, indica la sentencia. “Esta diferencia de trato es discriminatoria porque perpetúa las desventajas y desigualdades”, se indica. 

 Taylor, no obstante, ha quedado excluida de la suspensión de los efectos de la resolución judicial y podrá solicitar la asistencia médica para acabar con su vida en los próximos 12 meses, siempre que lo haga por escrito y un doctor atestigüe que no tiene esperanza de recuperación. “Esta decisión me permite comportarme en el momento de mi muerte del mismo modo que he tratado de hacerlo a lo largo de mi vida: con dignidad, independencia y elegancia”, escribió Taylor en una nota que leyó a la prensa su abogado al conocerse la sentencia y que fue recogida por la cadena CBS. 

 Rob Nicholson, el ministro de Justicia canadiense, indicó el viernes que esperará a leer la sentencia para decidir si la recurre. Los analistas dan por seguro que finalmente será el Tribunal Supremo de Canadá el que resuelva definitivamente sobre la constitucionalidad de la ley. 

 En el país norteamericano, aconsejar, asistir o instigar al suicidio está penado con un máximo de 14 años de prisión. La sentencia de la magistrada Smith precisa que el suicidio asistido solo podrá ponerse en práctica sobre “adultos lúcidos, plenamente informados, que no tengan dudas, libres de toda forma de presión psicológica, no diagnosticados como depresivos y que lo hayan solicitado personalmente, nunca a través de un tercero”. Si el Parlamento accede a modificar la legislación, Canadá se uniría a Suiza, Holanda, Bélgica y Luxemburgo, los únicos países donde el suicidio asistido es legal. En Estados Unidos, solo Montana, Washington y Oregon lo admiten. En España, Ley de Autonomía del Paciente permite rechazar cualquier tipo de tratamiento pero la práctica del suicidio asistido no está autorizada. 

 La última vez que el Tribunal Supremo de Canadá abordó el debate sobre el derecho a la muerte digna fue en 1993. Entonces, los magistrados resolvieron en contra de la petición de Sue Rodríguez, también enferma de ELA, para que un médico le ayudara a poner fin a su vida. El Parlamento del país ha rechazado todos los proyectos de ley que pretendían legalizar la eutanasia. El último, que incluía la aprobación del suicidio asistido, se presentó en abril de 2010 y fue desestimado por 228 votos en contra y 59 a favor. Las decisiones de los tribunales canadienses han demostrado ser eficaces a la hora de influir en las decisiones legislativas adoptadas por los políticos. En 2003, Canadá se convirtió en el primer país del continente americano en legalizar el matrimonio homosexual después de que jueces de varias provincias determinaran que era inconstitucional definir el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer.

Es The Boss. Y punto


A sus 62 años, cada vez que Bruce Springsteen sube a un escenario da la sensación de estar ante su primer y último concierto 

  PEDRO ZUAZUA

 Si uno piensa en las personas de más de 60 años que conoce, seguramente escaseen los perfiles de gente capaz de dar un concierto de casi 4 horas. Alguno podría intentarlo, pero claro, la cuestión es hacerlo con dignidad. Bruce Springsteen (Nueva Jersey, 1949) se plantó ante más de 50.000 personas en el Santiago Bernabéu y demostró que, para esa reducidísima estirpe de genios de la que forma parte, los 60 son los nuevos 20. 

 Cuando Springsteen salió al escenario, a través de las pantallas se podía ver la imagen de un sexagenario. Al fin y al cabo, es lo que es. El tiempo, desgraciadamente, pasa rápido para todos. La grada se percató de ello. En su caminar, en sus movimientos y en algunos gestos de su cara parecía intuirse un atisbo de vejez. 3 horas y 48 minutos después los viejos éramos los allí presentes, a los que nos costaba seguir el ritmo de aquel tipo que, ya con los primeros acordes de Badlands, aclaró que no está dispuesto a jugar el papel del cuadro en El retrato de Dorian Gray. 

 Hubo altibajos, desde luego, pero si uno echaba un vistazo al césped o a la grada, se encontraba únicamente caras de felicidad. Grupos de amigos que bailaban los temas abrazados, sin mirar para el escenario, miles de manos que se movían al unísono, estribillos coreados con una extraña mezcla de fervor, pasión y automatismo (han hecho más por el aprendizaje del inglés algunas de sus canciones que muchas legislaturas) y una sensación general de que lo que rodea a este tipo alcanzó hace mucho el nivel de religión. Los feligreses, ataviados por lo general con el variadísimo merchandising que acompaña al músico, son una mezcla muy variada en la que predomina el chico o chica que, en su fuero interno, sueña con ser un trampero pero que sabe que lo más cerca que estará de conseguirlo será cantando Born to run. 

 Los músicos que hacen de la presentación de su banda una parte del concierto tan entretenida como cualquier canción tienen algo diferente. Springsteen la lleva a cabo con cariño, sencillez, entrega y agradecimiento, y desde ese momento la comunión con la grada es ya absoluta. Él presenta a su familia, abre las puertas de su casa y, entonces sí, empieza la fiesta. 

 Hubo tiempo para que demostrara que sabe leer dignamente en español, encontró un momento para dedicar una canción a Nacho, un joven fan español fallecido hace algunos días, y también para recordar a Clarence Clemons, pero no tiró de sensiblería. Sacó a dos niños al escenario y los trató como el típico tío enrollado de las series americanas e incluso dejó una escena para el recuerdo cuando un cartel que rezaba “Peralejos de las truchas” (localidad de la provincia de Guadalajara) permaneció unos hilarantes segundos a sus pies mientras todas las cámaras enfocaban al Boss y el público aplaudía lo absurdo de la situación. 

 No dejó de sonreír ni un solo momento y, una vez más, parecía que era, al mismo tiempo, el primer y último concierto que iba a dar en su vida. Muchos pagaríamos por ser él un solo minuto. No por la fama, la adoración del público y la erótica del escenario, que también, sino porque da la sensación de estar disfrutando tanto con su profesión que uno se hace una idea de la felicidad bastante cercana a lo que puede vivir él en esos momentos. Todo ser humano debería tener derecho a ver al menos una vez en su vida una canción de Springsteen en directo. Entienda o no el inglés, le llegará algo que no está en las letras ni en la música, pero que le hará sentir mejor. Nadie sabe lo que es, no se puede definir y mucho menos envasar, pero él lo tiene. 

 La segunda mitad del concierto fue antológica. Nadie se quería ir. Y tampoco hubiera podido, porque no había descanso entre canción y canción. Era imposible porque lo que estaba sucediendo sobre el escenario no era música, era magia. Ahí apareció el mejor Bruce, que de repente se había quitado 35 años de encima y parecía decir en cada canción: “¿Por qué creéis que me llaman el Boss?”. Por conciertos como el del Bernabéu, sin duda. 

 Y es que el de Springsteen es uno de los mejores motes de la historia. Tenemos que estar agradecidos de que hayan sido los americanos los encargados de ponérselo porque, de haber salido de España, se hubiera quedado con “El puto amo” para toda la vida. Que sí, que lo es, pero ya nada hubiera sido lo mismo. Es The Boss. Y punto.

Los cerdos entran en el Louvre


El polémico artista belga Wim Delvoye presenta una sorprendente y singular exposición. Un diálogo contemporáneo con el arte clásico. El creador lo asume sin complejos y hasta con una suerte de desafío. 

  AURÉLIEN LE GENISSEL

 Cerdos decorativos en un salón decimonónico, esculturas retorcidas en una impecable mesa de bufete, neumáticos de acero tirados entre el mobiliario aristocrático, figuras en posiciones sexuales… Es lo que pasa cuando uno de los establecimientos artísticos más antiguos del mundo abre sus puertas al creador de Cloaca, una máquina de crear excrementos. Aunque donde algunos ven una sarcástica burla, el artista reivindica una respetuosa fidelidad a la herencia tradicional, alejada de la vacuidad y de la ligereza de un arte contemporáneo que no duda en criticar. O eso nos ha contado el propio Wim Delvoye. Aunque con él nunca se sabe. 

 Cuando una institución tan venerable como el Museo del Louvre invita a un artista contemporáneo, con fama de controvertido, a presentar sus creaciones junto a sus grandes obras maestras, la polémica está asegurada. Blasfemia estética, para unos, o fructífero diálogo temporal, para otros, las discusiones parecen no tener fin como ya se demostró durante las exposiciones de Jeff Koons (2008) y Takashi Murakami (2010) en el castillo de Versalles. Por las salas del Louvre ya han pasado nombres tan reconocidos como Tony Cragg, Jan Fabre, Anselm Kiefer, Joseph Kosuth o Michal Rovner. 

 Wim Delvoye sería uno más de esta interminable lista si no fuese por la agitada fama que siempre le precede. Se dió a conocer en 2000 con Cloaca, una compleja máquina que reproducía con fría exactitud todo el proceso digestivo humano (de la absorción a la digestión) para acabar creando unos excrementos reales. Luego vinieron su serie de radiografías y vidrieras obscenas o escatológicas y sus pieles de cerdos. Delvoye los cría en su granja cerca de Pekín donde los tatúa antes de vender sus pieles como si de simples cuadros se tratasen. Un procedimiento que ha despertado la ira de las asociaciones de defensa de los animales. El proyecto Tim (2008) lleva esta idea al paroxismo. El suizo Tim Steiner se dejó tatuar la espalda por Delvoye y este vendió su obra por 150.000 euros a un coleccionsta suizo, que recibirá el trozo de piel a la muerte del portador. Por si fuera poco, Delvoye ha creado también unas esculturas retorcidas de Cristo crucificado, que sitúa ahora sobre la gran mesa de banquetes de las salas de Napoleón III en el Louvre, atrayéndose esta vez la animosidad de las instituciones religiosas. 

 ¿Qué se puede inventar esta vez Delvoye? “Nada”, nos asegura con un tono casi infantil. El espectador puede ver “un Wim que no es exactamente el yerno ideal pero que ha encontrado su lugar entre las cosas bien trabajadas”, explica. Aunque es muy consciente de lo que acarrea su arte. “Estas obras son el resultado de casi cuatro años de trabajo. Sé que puede resultar provocador, pero de manera nueva. Como puede serlo intentar volver a hacer pintura parecida a la del siglo XVII”, explica. ¿Un retorno al academismo? Quizás. Y es que Delvoye ha decidido que era hora de criticar al mundillo del arte tal y como se presenta hoy. Un nuevo hobby o una nueva estrategia para este artista que parece no tenerle miedo a nada. “El siglo XX fue terrible, pero no lo sabíamos. El siglo XXI también, pero de manera completamente diferente. Murakami, por ejemplo. Al principio yo pensaba que lo suyo no era arte, aunque me gustaban un par de esculturas. Sabía que funcionaría porque un nuevo mundo había nacido. Pero nunca hubiera imaginado un mundo tan terrible en el que él pudiera hacer cualquier cosa y que le pagasen tanto”. O el arte de morder la mano que te ha dado de comer. 

 Sin embargo, no todo es malo según Delvoye. “Damien Hirst ha vendido directamente sus obras, saltándose al galerista. ¿Maurizio Cattelan? Ha sido comisario, propietario de una galería (la Wrong Gallery), editor de dos revistas y crítico de arte. Y se le considera como uno de los mejores de su generación. Hace 25 años, un artista no hubiera podido hacerlo porque se le hubiera tachado de comercial y hubiera perdido toda credibilidad”, explica contento de que el arte contemporáneo haya conseguido emanciparse de lo que el artista belga llama “el arte para los funcionarios”. “Ahora reina el mercado libre. Quizás no sea tan bueno pero es así. El mercado es bastante conservador, algunas veces igual de malo que antes”, admite volviendo a la carga. Ahí va la primera bala para un sistema liberal y caótico que muchos consideran responsables de la burbuja especulativa que conoce el mercado del arte contemporáneo en los últimos tiempos. Pero el fusil de Delvoye tiene munición para todos. ¿Los jóvenes artistas contemporáneos? “Es cierto que mi trabajo se vende por cantidades de seis ceros, pero yo gasto mucho en cada obra. Y veo a jóvenes desconocidos que siempre llegan a esa cifra aunque sea una obra más pequeña. Pero el trabajo que hacen no tiene compromiso alguno”, explica con una nostalgia cuyos aires retrógrados son tan sorprendentes (él forma parte de todo eso) como, seguramente, calculados. 

 Pese a todo, el trabajo del artista belga encuentra un eco particular en un lugar tan cargado de historia y herencias estéticas como el Louvre. Y es que las obras de Delvoye a menudo se caracterizan por una sorprendente mezcla de referentes clásicos y objetos o códigos actuales. Ya no solo en la reinterpretación digitalizada y perfeccionada de la arquitectura gótica que ha iniciado en los últimos años, con maquetas de hierro cortadas al láser de manera ultra-realista (Chapel # 2, 2007) o la famosa torre que pudo verse en la Bienal de Venecia de 2009 (Torre Venezia, 2009), sino en sus primeras creaciones. Objetos banales, como mesas de planchar, palas o bombonas de butano que el artista decora con unos escudos de armas medievales o con los paisajes típicos de la cerámica de Delft (Butagaz 62 Shell 205722, 1989-1990). Unos inesperados acercamientos estéticos que ofrecen una apasionante reflexión sobre la esencial trivial de algunos objetos y las condiciones sociales o hermenéuticas que pueden transformarlos en obras de arte. En efecto, ¿por qué no decorar también una bombona de gas, una cuchilla de sierra circular o la piel de unos cerdos? Asuntos en los que el artista seguirá profundizando a lo largo de su carrera y que están muy presentes en la propuesta del Louvre con cuchillas decoradas como platos, cerdos tatuados con flores o una imponente escultura de acero en el jardín de las Tullerías. 

 Y es que Delvoye siempre “interroga el presente a la luz del pasado y se presenta como un regenerador proponiendo fórmulas desestabilizadoras”, como se explicaba en el catálogo de la gran exposición que le dedicó el Bozar de Bruselas en 2010.

Reencuentro literario con el pequeño de los Machado


La poesía de Francisco ve la luz a los 62 años de su muerte 

  TEREIXA CONSTENLA

 En 1939, como pudieron, todos los hermanos Machado cruzaron la frontera hacia el exilio con la excepción de Manuel, atrapado el 18 de julio de 1936 en la estación de Burgos aguardando el tren de las ocho que jamás llegó a partir, encarcelado y finalmente forzado a vender su alma. Francisco, el menor, pasó a Francia con su esposa y sus tres hijas en fechas y lugares distintos de sus hermanos Antonio, José y Joaquín. Se habían visto por última vez en Cataluña, etapa final de las sucesivas evacuaciones de la saga durante la guerra. 

 Francisco, un director de prisiones seguidor de Concepción Arenal y de su máxima “odia el delito y compadece al delincuente”, había sido trasladado conforme la República se replegaba para permanecer junto a su familia. Parecía tan destinado al destierro como los demás. Ocurrió algo que lo impidió. Mercedes Martínez, su esposa, le convenció del sinsentido de la huida. Si nada malo había hecho, nada malo podría ocurrirles. Una reflexión repetida por miles de republicanos que se dieron media vuelta al llegar a Francia. A algunos les costó carísimo. Francisco Machado estuvo a punto de ser uno de ellos. “Al cruzar la frontera de vuelta a España, amenazaron con meter a mi padre en un campo de concentración y mi madre se puso como Agustina de Aragón”, revive su hija Leonor Machado en su casa de Madrid. 

 El director de prisiones evitó la cárcel, aunque no la sospecha. Las nuevas autoridades franquistas le sometieron al escrutinio que aplicaron a todos los empleados públicos para extirpar de la administración cualquier signo hostil. “Como no había tenido responsabilidades políticas le permitieron volver a prisiones, aunque ya no como director”. Leonor recuerda de su padre la bondad, una cualidad de otros Machado, que Antonio glorificó en un verso autobiográfico. A pesar del cambio de régimen, cuya política penitenciaria juntaba el hisopo con la violencia, el funcionario de prisiones siguió fiel a sus principios. Tratar a los reclusos con respeto le ahorró disgustos: unos presos cambiaron la fecha prevista para su fuga para no perjudicarle, ya que estaba de guardia el día elegido. 

 Francisco Machado pagó algunos peajes por su apellido. Nazcas donde nazcas, ser el pequeño lleva acarreado alguna losa. En casa de los Machado también. Nacido en Madrid en 1885, cuando a Francisco le llegó el turno para estudiar, el dinero de la familia ya no daba más de sí. Para sacar adelante la carrera de Derecho, tuvo que ponerse a trabajar. Pero sin duda el mayor condicionante que recibió fue el de tener inclinaciones poéticas al tiempo que un hermano llamado Antonio, poeta-mito del siglo XX, y otro llamado Manuel, más oscurecido por razones políticas que por falta de cualidades literarias. No hubo recelos ni pesares, según su hija. Francisco recitaba los poemas de sus hermanos por los pasillos de su casa, aunque no delante de Antonio, que odiaba que declamasen sus versos. Para escribir buscaba a diario la privacidad de un café. No se sintió intimidado por el lustre de sus hermanos, pero lo cierto es que jamás publicó sus poemas, aunque sí una obra sobre leyendas toledanas. Se han necesitado 62 años y el empeño de su hija, Leonor, para reunir sus principales escritos en un pequeño volumen, Obras escogidas, publicado por Ediciones de la Torre. "Se lo debíamos", afirma Leonor, que prologa el volumen. 

 “Al lado de sus hermanos es un poeta menor, pero no deja de llamarse Machado. Y tiene algunas obras en los Pensamientos que podrían haber sido escritas por Antonio”, comenta el editor José María Gutiérrez de la Torre. “Para Antonio y Manuel la literatura era un medio de vida, se sentían escritores profesionales. Mi abuelo, sin embargo, escribía lo que le daba la gana y cuando le daba la gana, es más irregular que sus hermanos, tiene algunos poemas fantásticos y otros menos”, compara su nieto, Manuel Álvarez Machado. Quizá esa irregularidad la explique el mismo Francisco con sus versos: “Soy mi mayor enemigo, / porque lo es mi fantasía, / y esa siempre va conmigo”.

domingo, 17 de junio de 2012

Goebbels, propagandista sobrevalorado



Peter Longerich sostiene en una nueva biografía que el jerarca nazi padecía un trastorno narcisista y no fue en realidad una figura tan relevante del régimen.

 Es uno de los nazis menos apreciados, y valga el sarcasmo, que era una de sus figuras retóricas favoritas. A Joseph Goebbels, uno de los más famosos dirigentes del III Reich, se le ha calificado de Mefistófeles del partido, demagogo vil y disoluto, y, menos finamente, de cojo satánico y enano iracundo. Victor Klemperer lo define en sus diarios como “el más venenoso y mendaz de todos los nazis”. Goebbels (Rheydt, 1897-Berlín, 1945, suicidado y chamuscado —no consiguieron quemar del todo su cuerpo— en el Führerbunker) ha sido probablemente el propagandista más famoso de la historia. Medía poco más de metro y medio y padecía desde niño de atrofia y parálisis crónica del pie derecho, lo que provocó comentarios irónicos sobre sus peroratas acerca de la superioridad de la raza aria, en la que generosamente se incluía. Sus defectos físicos (y no digamos morales) no le impidieron disfrutar de numerosas aventuras sexuales, que consignaba puntualmente en su diario, y ganarse merecida fama de rijoso. Vocero de Hitler, antisemita radical despiadado, gauleiter de Berlín, ministro de Propaganda del régimen más atroz de la historia de la humanidad, Goebbels, el Savonarola pardo, fue un fanático predicador de la violencia nazi y su humeante rastro puede seguirse desde las luchas callejeras hasta la declaración de guerra total. 

 A tan edificante individuo ha dedicado una nueva biografía, monumental como suele (1.052 páginas), el gran especialista en el III Reich y el Holocausto Peter Longerich, autor ya de otra colosal y reveladora obra sobre Heirich Himmler (RBA, 2009). Longerich (Krefeld, Alemania, 1955), profesor de historia contemporánea en la universidad de Londres, sigue en Goebbels (RBA, 2012) el discurrir vital y político del personaje, desde su crisis de intelectual fracasado necesitado de un propósito en 1923 hasta su decisión de morir con su familia junto a Hitler en abril de 1945, ofreciendo una visión completa del mismo y en buena medida muy novedosa. ¿Cree que era el nazi más desagradable?, le pregunto. “No sabría decirle, me parece una competición muy extraña”. 

 El historiador sostiene que Goebbels sufría de “un trastorno narcisista de personalidad” que le hacía buscar adictivamente el reconocimiento y el elogio, y que fue lo que cimentó su dependencia de Hitler, al que convirtió en el ídolo al que subordinarse para recibir legitimación y gratificación. Ese narcisismo patológico, basado probablemente en una falta de atención materna en la infancia y en el que no influyó su minusvalía física, señala Longerich, “explica la casi absoluta devoción a Hitler, su obsesión con su propia imagen y el hecho de que pasara una considerable parte de tiempo enzarzado en largas batallas contra sus competidores en el entorno de Hitler”. 

 Sorprendentemente, Longerich retrata a un Goebbels mucho menos importante en el seno del régimen de lo que se creía. ¿Ha sido Goebbels pues históricamente sobredimensionado? “Así es. Y de alguna manera seguimos siendo víctimas de su propaganda y sobrevalorándolo. Como muestro en el libro, muy a menudo no estuvo involucrado en el proceso de toma de decisiones. Esa situación no cambió durante la guerra, pero Hitler se encontraba con él cada cuatro o seis semanas para conversaciones privadas y eso le proporcionaba la sensación al ministro de ser el más cercano asesor del líder. Gobbels nunca se dio cuenta de cómo era manipulado y usado por Hitler”. En su libro, Longerich muestra cómo una y otra vez Goebbels se encuentra ante decisiones de gran calado de las que no ha sido informado previamente y que incluso le cogen con el pie cambiado, valga la expresión. 

 Eso no quiere decir, por supuesto, que Goebbels fuera inocente de los crímenes nazis. “Tuvo un papel activo en la radicalización de la persecución de los judíos, en particular en su doble papel de líder del partido en la capital y como ministro de propaganda y jefe del aparato de propaganda del partido”. 

 En la visión de Longerich, Goebbels no es tampoco el gran propagandista que se nos ha hecho creer. “El problema es que una de las fuentes principales para estudiar a Goebbels es su propia propaganda, y hemos estado bajo el influjo de ella. Goebbels fue por encima de todo un propagandista de sí mismo, tratando de convencer al mundo de que era un genio de la propaganda capaz de unir a toda Alemania detrás de Hitler. La historia del éxito de su sistema de propaganda es parte esencial de esa misma propaganda. Tenemos que tener presente que las fotografías, metraje y otras fuentes que normalmente usamos como evidencia de su éxito para manipular al pueblo alemán fueron producidos en el ministerio de Propaganda, con un propósito principal: crear ese mito”. 

 Dicho esto, Longerich reconoce que Goebbels fue un innovador al utilizar en la propaganda política el modelo de los anuncios comerciales que estaban entonces bajo el influjo de la publicidad llegada desde EE UU y que se basaban en que se podía inducir el comportamiento de los clientes con estímulos relativamente simples, en parte subconscientes. En cierta manera, pues, Goebbels fue el Donald Draper de los nazis. 

 Otra característica inesperada que destaca Longerich es la falta de ideas políticas claras de Goebbels. “Me sorprendió la ausencia de conceptos o visiones políticos en su obra. Tras leer miles de páginas en sus escritos no queda claro qué tipo de sociedad o sistema político prefería o cuáles eran sus ideas básicas acerca de la política exterior o la Europa dominada por los nazis. Para él, la cuestión central fue siempre su propia posición en el régimen, o mejor dicho, cómo él y su obra eran percibidos por Hitler. Podría decirse que en política estaba más interesado en el envoltorio que en el contenido”. 

 Le pregunto a Longerich qué opina de la parte de seductor de Goebbels que incluye dobletes dignos del Jardín prohibido de Sandro Giacobbe y apreciaciones de su propio atractivo que no desentonarían en Torrente (“No tengo tiempo para entregarme del todo a las mujeres”, escribió en su diario, “misiones mayores esperan por mí”). ”Creo que ante todo ha de ser vista como parte de su carácter narcisista. Su éxito con las mujeres —en muchos casos actrices cuyas carreras dependían de él— le servía de estímulo para autosatisfacer su propia personalidad”.

 Pese a ser un libro profundamente centrado en lo político, la biografía de Longerich dedica especial atención a la extravagante relación que mantuvieron Goebbels, su esposa Magda (la Medea nazi) y Hitler. “La he descrito como un triángulo, sin especular sobre el elemento sexual. Me parece fascinante hasta qué punto Goebbels permitió a Hitler convertirse en parte de su familia y cómo le dejó tomar decisiones básicas que concernían a su vida privada”. Longerich señala que hubo flirteo entre Magda y Hitler, lo que provocaba celos torturante en Goebbels, que debía reprimirlos porque, demonios, el Führer era el Führer.

 ¿Se podría hablar de amistad entre Hitler y Goebbels? “No creo que Hitler tuviera ningún amigo personal. Y en el caso de Goebbels, admiraba a Hitler y era extremadamente dependiente de él. No llamaría a eso amistad”. ¿Qué pena habría recibido Goebbels de no haberse suicidado en el búnker de la cancillería y haber comparecido ante el tribunal de Nurenberg? “Sin duda, ejecución”.

 Longerich explica que su próximo libro, que ya ha empezado, será otra biografía de un jerarca nazi —le ha cogido el gusto al género—, aunque no quiere revelar aún el nombre. Lo que es seguro es que no será el este año tan de moda Heydrich. “Personalmente no lo encuentro un candidato adecuado para otra biografía”.

JACINTO ANTÓN

Frenar sin pies, girar sin manos


El CSIC ha presentado a 'Platero', un vehículo que circula sin conductor gracias a un sistema de navegación que controla el volante y los pedales.

 Viaje de vacaciones. Empieza a llover y el limpiaparabrisas se acciona solo. El coche de delante frena abruptamente y el nuestro reduce la velocidad para no colisionar, sin necesidad de pisar el freno. Tampoco el acelerador gracias al sistema de velocidad de crucero. Estas son algunas de las muchas tecnologías en el mercado que automatizan la conducción. Solo hace falta que el coche vaya solo completamente hasta su destino mientras tomamos un café o leemos un libro. Y esto ya está aquí, afirman investigadores de diferentes instituciones que trabajan en ello. 

 Platero ha sido el último vehículo en incorporarse a la carrera de esta tecnología. Ver el volante girar solo mientras el coche reduce la velocidad para tomar una curva, parece cosa de fantasmas, o ciencia ficción. Pero lo hace, y evita que choquemos contra los olivos que crecen junto a las pistas del Centro de Automática y Robótica (Araganda del Rey, Madrid), dependiente del CSIC, responsable del proyecto. La semana pasada Platero rodó por primera vez en una carretera convencional a una velocidad media de 60 kilómetros hora (aunque alcanzó los 100) —escoltado por la Guardia Civil— tras 15 años de investigación.  

 El coche, un Citröen C3 modificado, tiene tres pequeñas palancas en el salpicadero que accionadas hacen que el ordenador de abordo tome el control de la dirección, el freno y el acelerador respectivamente. Un GPS muy potente —con un margen de error de apenas cinco centímetros— le dice al coche dónde está y qué ruta debe seguir. Esto, unido a sistemas de visión artificial y sensores que prevengan los choques —que algunos modelos ya incorporan—, permitiría que lleguemos a nuestro destino sin necesidad de tocar el volante o los pedales. Pero, ¿llegará al mercado o se quedará en el eterno experimento? “Esta es la etapa inicial, pero en conducción a velocidades bajas por ciudad se verá dentro de poco”, asegura Teresa de Pedro, responsable del proyecto. “Está pensado para convivir con los vehículos actuales y no necesita infraestructuras urbanas especiales”, añade. 

 Ricardo Chicharro, director del laboratorio de ideas del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), cree que esta tecnología es “una realidad, pero no para ciudad, donde hay un caos para el que no está preparada”. Su uso idóneo sería en zonas restringidas como parques empresariales, autovías por el carril derecho o para el transporte de mercancías, según el experto, que trabaja en varios proyectos en esta línea. 

 El invento no es nuevo. En los últimos 20 años se han presentado varios prototipos de coches que rodaban sin conductor. Pero la investigación continúa. Google ha presentado su propio sistema de navegación instalado en un vehículo para que éste circule solo. También la industria trabaja en ello. “Hay interés en conseguir que los coches puedan conducir autónomamente”, asevera Germán López, presidente de Volvo Car España. El fabricante alemán probó hace dos semanas su tecnología de conducción automática total en Barcelona. 

 El sistema diseñado por Volvo consiste en una antena que comunica un coche conducido por un profesional, con otros que le siguen a seis metros de distancia y 85 kilómetros por hora. El control automático les permite acelerar, frenar y girar como lo hace el primero. Volvo imagina una conducción en la que salgamos de casa manejando, nos unamos a uno de estos trenes de carretera (liderados por ejemplo por camiones en ruta) en las autovías y soltemos el volante hasta que llegue nuestra salida. “Ese tiempo que ahora se emplea en conducir, se podrá usar en otras cosas”, dice López. “Trasladarlo al mercado dependerá de plazos y normativas”, afirma. 

 La principal traba para la comercialización de estos sistemas es la seguridad. ¿Son fiables? Los expertos coinciden en que sí, incluso más que la conducción humana. “La mayoría de accidentes se deben a errores de las personas, por distracciones, somnolencia o disputas al volante. Si un ordenador tuviera el control (como los pilotos automáticos de los aviones) se podrían reducir los siniestros y con ello las lesiones y muertes en carretera”, afirma Raj Rajkumar, responsable de dos proyectos de colaboración entre General Motors y la universidad Carnegie Mellon, de Pittsburgh (EE UU). Jorge Castellanos, coordinador de movilidad del Real Automóvil Club de España (RACE), coincide. “Va a proporcionar seguridad, disminuirían los accidentes y mejoraría la movilidad. Un vehículo cuantos más automatismos tenga, mejor”, apunta. 

 Para Chicharro lo importante es que el coche sepa, además de la ruta, cuándo tiene que parar. Por ejemplo, si una persona cruza la calle. Eso se consigue, dice, con dos radares, un láser, cuatro cámaras de vídeo digital y unos 40 kilos de ordenador con un software que tome decisiones. Pero matiza: “Alguien tiene que estar en volante por si acaso”. Pero, ¿quién sería el responsable en caso de accidente si es el coche el conduce? Carlos González, miembro del CSIC que ha trabajado en Platero, cree que la posibilidad de que la culpa recaiga en la marca es uno de los motivos por los que la industria no termina de apostar por esta tecnología. 

 “La responsabilidad civil recaería sobre su propietario y en consecuencia, sobre su compañía de seguros”, explica Francisco Valencia, directivo de Línea Directa. Pero si se demostrara que el accidente fue por un error en la fabricación “la aseguradora podría dirigirse contra el fabricante”, explica. En caso de multa la culpa estaría clara: “Sería de la persona que programa la ruta”, acción que no puede hacer el coche, precisa el experto. De Pedro cree que las posibilidades de multa se reducen porque “uno de estos coches siempre respetará las normas de circulación”. 

 La tecnología está inventada, es fiable y tendría aplicación comercial, según sus creadores. Pero, ¿a qué precio? “Tiene que ser rentable, y lo será cuando se produzca en serie, si no, no trabajaríamos en ello”, esgrime Chicharro. Asegurar estos vehículos podría ser, según Valencia, más económico que los convencionales “si demuestran estadísticamente que tiene menos accidentes”.

Violaciones imposibles de demostrar

Cientos de mujeres ven cómo su agresión queda impune tras ingerir drogas que doman la voluntad. La falta de un protocolo sanitario común aumenta la indefensión 

 Son delitos especialmente crueles. Destrozan la vida de las víctimas y ni siquiera pueden demostrarlo. Se trata de mujeres que han ingerido drogas contra su voluntad y ni siquiera recuerdan si fueron violadas o no. En medios policiales lo denominan “sumisión química”, y consiste en la ingesta involuntaria de benzodiacepinas u otros fármacos que eliminan total o parcialmente la consciencia de las víctimas, convertidas sin quererlo en juguetes del agresor. Robos en el caso de los hombres, y este mismo delito junto con la agresión sexual en el de las mujeres, se han convertido en un serio problema para los cuerpos policiales. Lo diabólico de los delitos de sumisión química radica en que la víctima no puede dar detalles concretos de la violación, y muchas veces ni siquiera está segura de qué ha ocurrido. Cuando los análisis posteriores confirmen la presencia de semen, se aclararán sus recuerdos. Tampoco la asistencia hospitalaria sirve de gran ayuda a la hora de probar la agresión ante un tribunal: cada hospital tiene —si lo tiene— su propio protocolo asistencial. No hay una normativa que los unifique y la droga que se puede detectar en un centro sanitario con facilidad en otro ni se busca. 

 Una reciente sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona ha dejado libre al agresor de Andrea S. por falta de pruebas, aunque lamenta la frecuencia con que este “modus operandi” llega a los juzgados. 

 “¿Cómo demuestro yo que me han violado en mi propia cama? ¿Quién va a creerme?”, se preguntaba Andrea —nombre supuesto— la mañana del 17 de julio de 2010, cuando dejó su habitación en una residencia de estudiantes de Barcelona tras haber sido violada por un marroquí al que había conocido en un bar la noche anterior. 

 Esta profesora de inglés para ejecutivos, de 33 años, salió con una compañera a celebrar que terminaban un máster de lingüística forense. Cenaron cada una en su habitación y después se dirigieron al barrio de Gràcia. Allí bebieron un mojito y el segundo cayó en la zona del Born. Se les acercaron cinco chicos. El que parecía más desenvuelto, Mohamed, las convenció para tomar una tercera copa en la discoteca Al Jaima del puerto olímpico. 

 “Nos dijo que en ese sitio a él le ponían unas copas muy especiales”, recuerda Andrea. Notaron que era muy popular en la disco: besos aquí y allá, guiños con los porteros... El Ballantine's de Andrea lo trajo él mismo servido desde la barra. Con medio vaso consumido, empezó a sentirse bien, relajada, indiferente a lo que la rodeaba, incluido el beso que le dio Mohamed. “Es inexplicable en mí, pero todo me daba igual”.

 Cuando ella y su amiga hablaron de irse, él sacó a Andrea a la pista de baile y ella obedeció. Al poco, necesitó ir al baño. “Veía figuras borrosas, como si todo flotara”, recuerda. Al salir, Mohamed le había dicho a su amiga que regresara a la residencia porque Andrea quería continuar la fiesta. Él la esperaba con otro whisky que le acercó a los labios. Bebió tres sorbos y perdió la consciencia. 

 Margarita Sánchez Pastor, responsable del comité de violencia de género del hospital La Paz, el centro de referencia en Madrid, comenta: “Cuando la víctima dice ‘No sé lo que me ha pasado, apenas recuerdo nada’, el protocolo se activa. Buscamos rastros químicos en sangre, pelo y orina para detectar si ha habido ingesta de sustancias que anulan la voluntad”. Pero el protocolo de La Paz no es unitario. No todos disponen de medios para detectar la sumisión química. Tampoco de mecanismos de coordinación con los centros forenses. “Son fundamentales y no se están poniendo en marcha”, lamenta Manuel López Rivadulla, catedrático de Toxicología Forense de la Universidad de Santiago de Compostela, una reconocida autoridad en la materia, quien añade: “Serían también muy útiles campañas de información los profesionales y la población, como ocurre en otros países. Ahora mismo, el 90% de los casos de abusos sexuales por sumisión química que se dan en España se nos escapan”. 

 Una conclusión a la que también llega Tina Alarcón, directora de Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales (CAVAS) igualmente critica con la dispersión de protocolos: “Los servicios hospitalarios no están sensibilizados”. “Hay mucho desconocimiento, lo que puede provocar que se cuestione a la víctima”, sostiene Miguel Lorente, profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada. “El problema se agudiza cuando el médico actúa como un policía”, añade. Y entre esa ignorancia está el papel del alcohol. “Es lo que hace más vulnerables a las víctimas tanto para que se aprovechen de ellas como para que les den sustancias sin darse cuenta”, apunta Eneko Barbería, del Instituto de Medicina Legal de Cataluña. El Instituto Nacional de Toxicología, dependiente de Justicia, sí tiene protocolo de actuación y recogida de muestras ante una agresión sexual. Regula desde 2010 que siempre deben recabarse restos biológicos (ropa, fluidos) para analizar la presencia de semen. “Si se sospecha que en la agresión puede haber involucrada alguna sustancia deberían tomarse siempre muestras de sangre y orina”, explica Ana Martín, jefa del servicio de Química. 

 En torno a un 20% o un 30% de las víctimas que denuncian una agresión sexual pueden haber sido víctimas de la administración intencionada de drogas por parte del delincuente. Una encuesta epidemiológica realizada en Barcelona durante 2011 por el Instituto catalán de Medicina Legal revela que un tercio de las mujeres que denunciaron agresiones sospechan haber sido víctimas de sumisión química. En La Paz se analizaron unos 130 casos en 2011. De un centenar, solo en la ciudad de Barcelona, hablaba el responsable de toxicología del Hospital Clínic en Antena 3. Tanto la Guardia Civil como los Mossos de Escuadra creen que se enfrentan a un problema que afecta a centenares de mujeres; muchas más si se contabiliza a las que guardan silencio. 

 Andrea S. no ha dejado de luchar contra la depresión en los dos años transcurridos desde la violación y el archivo del caso decidido ahora por los jueces. 

 Cuando salió a la calle sin rumbo, a la mañana siguiente de la violación, se topó con un coche policial y fue trasladada al Hospital del Mar. Pero allí no había forense, por lo que se dirigieron al Clínic, donde, recuerda Andrea, estuvo una hora sola esperando en una habitación, sin parar de llorar. Fue un decisivo tiempo perdido. Finalmente, llegó la analista y se miró el reloj: “Han pasado más de ocho horas. No va a valer”. 

 La detección se efectúa con más rigor antes de las ocho horas, un periodo muy corto que favorece la impunidad del infractor. 

 Le dictaminaron desgarro vaginal y erosiones, semen y analítica negativa. Pero no se midió el grado de alcohol ni las benzodiacepinas u otras drogas de sumisión pese a que, como comenta una guardia civil experta en agresiones sexuales, Andrea presentaba el síntoma más evidente de este tipo de víctimas: una memoria excelente para todo lo que ocurrió antes y después y una nube negra a partir de la segunda copa. Pero no fue tenido en cuenta. El informe del jefe de toxicología del Clínic atribuyó a la ingesta de bebidas alcohólicas la desgracia de Andrea, aunque fueron solo tres copas en siete horas y no se midió la tasa de alcohol en sangre. 

 Este comportamiento médico “inexplicable e indefendible”, para el catedrático Rivadulla, ha sido la prueba de cargo que libró a Mohamed de la cárcel. El Clínic declinó dar explicaciones. 

 Mediante un retrato robot los Mossos dieron con Mohamed, fichado por 10 delitos de tráfico de drogas, robo y maltrato doméstico. Él negó los hechos hasta que le fueron mostradas imágenes junto a la víctima tanto de la discoteca del puerto como entrando y saliendo de la residencia de estudiantes. En esta última grabación se ve como Andrea no es consciente de sus actos. Él la sujeta y la arrastra, busca la llave en el bolso y abre, porque ella no coordina movimientos. También le fue encontrada al marroquí una grabación de Andrea desnuda en la cama: él la mueve en diferentes posturas y ella se deja hacer, como un fardo, con los ojos cerrados. Se despertó unos instantes, cuando notó un fuerte dolor en la vagina y a Mohamed sobre ella. Le dijo: para, déjame, me haces mucho daño. El resto, fundido en negro. 

 La Audiencia dice que es un “modus operandi” que “desgraciadamente” conocen bien. Él está libre: “In dubio pro reo”, firman los magistrados. Andrea tiene cicatrices en los brazos, recuerdo de las autolesiones con las que trataba de acallar un dolor mucho más profundo: el de una agresión que, afirma, sigue impune.

viernes, 15 de junio de 2012

Metallica busca al asesino de una joven desaparecida tras un concierto


El cantante de la banda, James Hetfield, graba un vídeo en el que llama a encontrar al hombre que mató a una estudiante en 2009

 Más de dos años después de que los restos de la estudiante Morgan Harrington fueran hallados en un descampado, el grupo musical Metallica ha hecho un llamamiento, mediante un vídeo, a sus seguidores y a los ciudadanos con el objetivo de encontrar al hombre sospechoso del asesinato de la joven. Harrington desapareció el 17 de octubre de 2009 y fue vista por última vez a la salida de un concierto del grupo californiano en el Estado de Virginia.

 Este documento es parte de una campaña lanzada esta semana por el FBI que tiene como fin impulsar la aparición de nuevas pruebas. El asesinato y secuestro de esta alumna de 20 años, estudiante de la Universidad Virginia Tech y nacida en la ciudad de Roanoke, “conmocionó al Estado de Virginia”, han dicho las autoridades.

 

 “Tras la desaparición de Harrington nuestra banda ofreció una recompensa de 50.000 dólares por cualquier indicio que llevará a su secuestrador. Más tarde, restos de la joven fueron encontrados en un descampado. Desde entonces, pocos han sido los avances en la investigación”, explica James Hetfield en un vídeo de 53 segundos de duración. En aquel momento, la banda publicó la noticia en su página web y contactó a la familia de la joven.

 Hetfield, además, explica en el vídeo que la policía ha encontrado indicios de que el mismo asesino cometió otro suceso en Virginia en el año 2005. “Las pruebas de ADN coinciden en el caso de una mujer de 26 años violada y asesinada”, han especificado las autoridades en un comunicado.

 El secuestrador y supuesto asesino de la joven es un hombre de raza negra con el pelo también negro y con barba, “por lo menos en el momento del ataque”. Su altura es casi de dos metros y su edad, en el momento del crimen, estaría entre los 25 y los 35 años. “Si ves a este hombre -el vídeo muestra un dibujo del supuesto culpable-, cualquier indicio, contacta a la policía de forma inmediata. Existe una recompensa de 150.000 dólares por cualquier información que se dé del caso”.



La madre de Harrington ha asegurado al página web local Roanoke.com que se siente emocionada por la medida: “Estamos muy agradecidos, esperamos que algo nuevo salga a la luz. No buscamos venganza, queremos evitar que le ocurra lo mismo a otra mujer”. 

 Como parte de la operación de búsqueda, cientos de dibujos del sospechoso serán colgados en las paradas de autobús de Washington, el Distrito de Columbia es limítrofe con el Estados de Virginia, y en centenares de carteles publicitarios digitales de las ciudades de Roanoke y Richmond. Además, las ilustraciones del supuesto asesino estarán presentes en 23 Estados más a lo largo de la costa este. 

 El FBI ha informado de que ya se habían hecho campañas similares en el país, “que han dado lugar a distintas detenciones como el caso del violador James Whitey Bulger, quien fue arrestado en la zona de Boston”.

Tratar la hepatitis C mejora el pronóstico de quienes también tienen VIH

Aproximadamente unas 50.000 personas en España tienen los dos virus.

Aproximadamente una tercera parte de quienes están infectados por el VIH lo están también por el virus de la hepatitis C. Eso representa unas 50.000 personas en España (se calcula que hay unas 150.000 con VIH y unas 700.000 con hepatitis C, aunque sea de forma latente). Esta coincidencia va más allá de la pura coexistencia. Un hígado dañado hace que el tratamiento con otros fármacos sea más complicado, por ejemplo. Pero en el proceso han aparecido interesantes sinergias. Un estudio realizado por el Grupo de Estudio de Sida (Gesida), codirigido por Juan Berenguer, del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, y Juan González García, del hospital de La Paz, también de Madrid, ha documentado por primera vez que curar la hepatitis no solo mejora su hígado, sino que afecta a la evolución de la infección por VIH (que, de momento, no tiene curación). El trabajo ha sido aceptado para publicar en Clinical Infectious Diseases, después de haberse presentado datos en el Congreso sobre Retrovirus e infecciones Oportunistas (CROI) de San Francisco de 2010. El trabajo cuenta con fondos de las fundaciones FIPSE y FIS. 

 El estudio se ha llevado a cabo con 1.599 pacientes tratados en 19 centros españoles desde 2000 a 2008 y con una mediana de seguimiento de aproximadamente cinco años. Y “muestra que la erradicación del VHC en personas coinfectadas por VIH/VHC no solo reduce las complicaciones y mortalidad relacionadas con el hígado sino también la progresión del VIH y la mortalidad no relacionada ni con el hígado ni con el VIH (enfermedades cardiovasculares, tumores, etcétera..)”, resume Berenguer. 

 En concreto, el 39% de los participantes consiguieron una carga viral de virus de la hepatitis C (lo que equivale a una curación) después de un tratamiento con ribavirina e interferón, que era la terapia estándar (y, como se ve, no demasiado efectiva) para la hepatitis C. Pero no solo mejoró su estado en lo que a la hepatitis se refiere. Una vez ajustadas las variables que influyen, como el grado de desarrollo de la infección por VIH, el grupo que se erradicó el virus de la hepatitis tuvo la mitad de complicaciones relacionadas con el VIH, medidas como infecciones oportunistas (las que aparecen cuando el sistema inmunitario se debilita por efecto del virus). 

 Además, los que no respondieron a la medicación tuvieron una tasa de mortalidad que triplicaba a los otros, y eso descontando las muertes relacionadas con problemas hepáticos. Incluso la proporción de muertes no relacionadas ni con el hígado ni con el sida triplicaba en el grupo que no respondió al tratamiento al que sí lo hizo. 

 El estudio es una importante llamada para que las personas con coinfección se traten la hepatitis, pero tiene matices. Porque del virus de la hepatitis C hay cuatro tipos (que se numeran del 1 al 4), y no todos responden igual al tratamiento. El más frecuente en España, indica Berenguer, es el tipo 1 (representa el 60% de los casos), y ese es uno de los que responde peor al tratamiento. 

 Claro que la situación ha cambiado. Desde hace poco, existe un tercer grupo de fármacos, los llamados antivirales de acción directa (inhibidores de enzimas como la proteasa) que han elevado mucho las tasas de curación en los tipos de virus más difíciles de tratar (llegan a cerca del 85%, según los primeros cálculos). Pero que tienen un problema: son muy caros. Un tratamiento cuesta 24.000 euros (a sumar a los otros fármacos que hay que dar a la vez), indica Enrique Ortega, del Hospital general universitario de Valencia y presidente de Seisida (Sociedad española Interdisciplinaria del Sida). Y eso hace que, según denuncian los expertos, muchas comunidades sean remisas a ofrecerlo. Entre las que sí lo dan, los médicos mencionan Valencia y Andalucía. Otras, como Cataluña, País Vasco, Madrid, Extremadura y Galicia no lo dan porque no han establecido el sistema. La Rioja es un caso aparte, porque no lo ha dado pero porque nadie lo ha pedido, según fuentes médicas.

Las células madre sobreviven hasta 14 días tras la muerte


Un hallazgo abre la puerta a las donaciones de fallecidos. Una niña de 10 años recibe una vena hecha con sus células madre 

 Las células madre mantienen su potencial para convertirse en otros tejidos hasta dos semanas después de que haya muerto una persona. Para ello entran en un estado de latencia en el que reducen al mínimo la actividad y el consumo de energía, según han descrito investigadores franceses dirigidos por Fabrice Chrétien en Nature Communications. Esta capacidad no es igual para todos los tipos de células madre. El trabajo se hizo con las de origen esquelético, mientras que las sanguíneas tienen una capacidad de supervivencia menor, de unos cuatro días, según verificó el grupo francés que trabajaba siguiendo ensayos previos de 2008. 

 Los investigadores apuntan a que esta posibilidad de resucitar las capacidades de las células madre abre una oportunidad importante con vistas al futuro. Cuando este material biológico sea plenamente utilizable para fabricar tejidos o reemplazar órganos, cualquier persona que fallezca puede ser origen de células madre, lo que supondrá que habrá una fuente casi ilimitada de ellas, y, además, con un mecanismo de extracción y conservación relativamente sencillo. 

 Claro que esta aplicación tendría siempre una desventaja: al usar células madre de un donante, el receptor podría rechazar el tejido u órgano que se le trasplantara. Algo que no ocurre si las células madre que se utilizan son del propio paciente. Y eso es lo que han hecho investigadores del hospital sueco de Shalgrenska con una niña de 10 años. La pequeña tenía una insuficiencia hepática porque tenía obstruida la vena porta hepática, que es una de las principales vías de drenaje del hígado. Según publica The Lancet, la niña no podía someterse a algunas de las intervenciones habituales para solventar este problema, como los intentos de reabrir la vena o un autotrasplante con un vaso sanguíneo obtenido de la pierna, por ejemplo. Así que los investigadores suecos le fabricaron una vena de nueve centímetros a partir de sus células madre. Pero la reconstrucción no fue desde cero. Antes hubo que extirpar un trozo de la vena ilíaca a un donante cadáver (un hombre de 30 años), se trató para eliminar las células endoteliales y mesenquimales y estas fueron las que se reconstituyeron a partir de las células madre de la niña. Esta lleva ya un año sin tomar inmunodepresores. 

 Con este sistema mixto se parte de un molde biológico (el órgano del donante), se trata con un jabón biológico que elimina las células y se queda con la parte estructural más inerte. Sobre esta se siembran las células madre, que reconstruyen el tejido con la ventaja de que ya hay una estructura tridimensional sobre la que trabajar. El método se ha ensayado también para reconstruir tráqueas.