Si quieres saber hasta que punto algo es cierto para ti, presta atención a lo que sientes al respecto.
A veces los sentimientos son difíciles de descubrir, y con frecuencia aún más difíciles de reconocer. Sin embargo, en tus más profundos sentimientos se oculta tu más alta verdad.
El truco está en llegar a dichos sentimientos.
Todo pensamiento humano, toda acción humana, se basa o bien en el amor, o bien en el temor. No existe ninguna otra motivación humana, y todas las demás ideas no son sino derivadas de estas dos. Son simplemente versiones distintas: diferentes variaciones del mismo tema.
El comportamiento humano produce una experiencia repetida tras otra; he ahí por qué los humanos aman, luego destruyen, y luego aman de nuevo: siempre con ese movimiento pendular de una emoción a la otra. El amor promueve el temor, que promueve el amor, que promueve el temor…
El temor es la energía que contrae, cierra, capta, huye, oculta, acumula y daña.
El amor es la energía que expande, abre, emite, permanece, revela, comparte y sana.
El temor cubre nuestros cuerpos de ropa; el amor nos permite permanecer desnudos. El temor se aferra a todo lo que tenemos; el amor lo regala. El temor prohíbe; el amor quiere. El temor agarra; el amor deja ir. El temor duele; el amor alivia. El temor ataca; el amor repara.
No se puede demostrar amor en tanto no se haya demostrado no amor. Una cosa no puede existir sin su contraria, excepto en el mundo de lo absoluto.
No juzgues, ni condenes, puesto que no sabes por qué ocurren las cosas, ni con qué fin.
Aquello que condenes te condenará, y un día serás aquello que juzgas.
Fragmentos del libro “Conversaciones con Dios” de Neale DonaldWalsch
lunes, 26 de enero de 2026
El sentimiento es el lenguaje del alma
domingo, 25 de enero de 2026
A mi niñez
Mi querida y recordada niñez:
Quizá te parezca extraño que después de tantos años sin vernos decida escribirte.
Ha pasado mucho tiempo, lo sé y desde entonces he ido acumulando en mis espaldas distintas primaveras que arrastro con grandes esfuerzos por tener el corazón repleto de otoños, que hacen que mi piel y mis cabellos comiencen a tener color de invierno. Mis fuerzas, a pesar de querer aliarse conmigo, han desistido en su empeño y han encontrado asilo en mis ilusiones, que aún tengo.
¡Si supieras! Cuantas lluvias me han empapado desde que nos separamos. ¡Si supieras! … ¡Cuantos riscos he trepado!, algunos con destreza y otros con tanta torpeza, que me han hecho llorar cientos de lunas llenas.
Hoy como tantas otras veces, me he puesto a recordarte y he tenido una necesidad tremenda de tenerte cerca y has invadido de tal forma mi memoria que he sentido una suave sensación de que aún me pertenecía. Embriagada de nostalgia me he puesto a jugar con mi fantasía y juntas, muy juntas las dos hemos volado por aquel jardín de mi infancia, por aquel jardín de flores, de ilusiones y temores, lleno de juegos ingenuos, lleno de solitarias charlas por habernos imaginado grandes amigos fantasmas. Y he recordado aquel altruismo que, día a día, tú me inyectabas, hoy lleno de telarañas porqué la inevitable experiencia de la vida no me deja ponerlo en práctica, ni ponerle alas.
Mi querida niñez, ¡cuánto te echo de menos!. ¡Cuánto te echo en falta!.
Aún recuerdo nuestras risas cuando hacíamos trastadas y nuestros miedos, tapándonos la cabeza con las sábanas, porque, al estar apagada la luz de la habitación, el volante que tenían las cortinas del balcón, hacía que nos parecieran perfiles de brujas y de gente mala. ¿Cómo pudimos sentir tanto miedo?.. Si nunca estuvimos tan resguardadas.
Aún recuerdo aquellas noches de Reyes que por culpa de los nervios mojábamos la cama y luego, al llegar la mañana, nadie tenía que tirarnos de la manta, nosotras éramos las que despertábamos a toda la casa y temblando de frío y de emoción corríamos hasta el salón y la terraza, aquella terraza donde nos engañaban con amor, poniendo agua para los camellos y comida para los pajes y siempre, ¡siempre! había sorpresas y lo más importante, muchas cosas “innecesarias”. ¡Si vieras! mi querida niñez, cuando te conviertes en adulta, ¡las cosas que te regalan!… todas, todas… son necesarias.
Aún recuerdo catarros curados sin prisas, con convalecencias largas y lentas, donde leíamos cuentos de hadas y libros con los relatos de “Celia”. Al atardecer cuando la suave fiebre, acentuaba la modorra, nos dormíamos pensando que éramos protagonistas de aquellas historias entrañables. Todas las vivencias que sentimos juntas pasan a una velocidad vertiginosa por mi mente: castillos de arena, colecciones de conchas, de cromos, de estampas, de recortables. ¿Te acuerdas cuando recogíamos los nidos de gorriones que caían al jardín para que mi perro no los destrozara?… ¿Recuerdas como vigilábamos las largas e interminables filas que formaban las hormigas, para que nadie las dispersara a golpe de escoba?… ¿Recuerdas en las tardes de lluvia como nos metíamos con las botas de agua por los sucios charcos de la calle?… ¡Hemos hecho tantas cosas juntas!… que es difícil olvidarlas. ¡Trepábamos árboles, muros, la fachada de la casa!, cazábamos “zapateros”, criábamos gusanos de seda. ¡Qué importante has sido en mi vida!. ¡Qué hermosa tu compañía!.
Querida y recordada niñez si supieras lo diferente que es todo ahora. Me parece mentira haber sentido el deseo querer abandonarte cuando estábamos juntas. ¿Recuerdas?… yo me quería hacer mayor, dejarte atrás y cruzar la verja de nuestro jardín. Y ahora, ya ves, cometo la locura de escribirte, quizá sea por la huella tan importante que me dejaste clavada.
Dejé el jardín para adentrarme en el bosque y el bosque me pareció hermoso y lleno de novedades y proyectos. Durante algún tiempo, no te eché de menos, hasta que comprendí que todo era diferente. Tú, con tu ingenuidad, tu inocencia y tu maravillosa fantasía, hacías que me sintiera vacunada, inmune a las cosas horribles y crudas, hacías que creyera que nunca me rozarían, ni me dañarían.
Aquí, en este bosque, es al contrario, cuando veo algo hermoso, algo que creo tan limpio como tú, me acerco de lleno a tocarlo, a darme… y se me convierte en una planta carnívora que intenta devorarme.
Quiero que sepas que ahora no juego, sino trabajo. No hago locuras pues estoy llena de responsabilidades y no tengo fantasías, los problemas han ocupado su lugar. Pero a pesar de todo esto, te recuerdo y he podido por unos instantes, unos momentos escapar del círculo donde me enredaron los años y escapar hacia ti escribiéndote esta carta.
Para mi ha sido muy reconfortante y agradable, tanto, que estoy evitando despedirme y no me queda más remedio que hacerlo. Soy consciente de que debo volver a la realidad, aunque sea más feliz recordando nuestro jardín y lo feliz que fui cuando las dos éramos una sola.
Desconozco el autor
viernes, 16 de enero de 2026
El deterioro cognitivo puede comenzar a partir de los 45 años
La memoria, el razonamiento y la comprensión empezarían a declinar antes de lo previsto. Así lo indica un estudio científico publicado en el 'British Medical Journal'
Las capacidades del cerebro, como la memoria, el razonamiento y la comprensión (función cognitiva), pueden empezar a deteriorarse a partir de los 45 años de edad, según un estudio publicado en el British Medical Journal (BMJ).
El estudio, efectuado por investigadores del Univesity College London (Reino Unido), ha determinado un deterioro del 3,6% en la capacidad de razonamiento de hombres y mujeres de entre 45 y 49 años. Las conclusiones se basan en el análisis de cerca de 7.000 individuos (5.198 hombres y 2.192 mujeres) durante un período de 10 años, a partir de 1997. Todos los participantes eran funcionarios con edades comprendidas entre los 45 y los 70 años, y formaban parte del estudio de cohortes Whitehall II, establecido en 1985.
Las funciones cognitivas de los participantes se evaluaron tres veces durante el período de estudio, según la memoria, el vocabulario y las habilidades de comprensión auditiva y visual -teniendo en cuenta las diferencias en el nivel de educación.
Los resultados muestran que las puntuaciones cognitivas se redujeron en todas las categorías (memoria, razonamiento, fluidez fonológica y semántica), excepto en el vocabulario, y no hubo una disminución más rápida en las personas mayores.
Asimismo, también revelan que, durante el período de estudio de 10 años, se produjo un descenso del 3,6% en el razonamiento mental en los hombres de entre 45-49 años y un descenso del 9,6% en los de 65-70. Las cifras correspondientes para mujeres fueron de 3,6% y 7,4%.
El reto del envejecimiento mental
La comprensión del envejecimiento cognitivo será uno de los retos de este siglo, sobre todo si la esperanza de vida sigue aumentando, según señalan los investigadores británicos, dirigidos por Archana Singh-Manoux, del Centro de Investigación en Epidemiología y Salud Pública, en Francia. Añaden que es importante investigar la edad en que comienza el deterioro cognitivo, debido a que las intervenciones médicas producen mejores resultados en una etapa temprana del deterioro mental.
Los autores argumentan que la evidencia robusta que muestra el declive cognitivo antes de la edad de 60 años tiene importantes implicaciones, ya que demuestra la importancia de promover estilos de vida saludables, en particular, la salud cardiovascular, ya que, según nuevos estudios, "lo que es bueno para el corazón, también es bueno para la cabeza".
Los científicos añaden que las medidas y tratamientos de los pacientes que sufren de uno o más factores de riesgo para enfermedades del corazón (obesidad, presión arterial alta y niveles altos de colesterol) no sólo podrían proteger el corazón, sino también protegerlos de la demencia en la vejez.
En un editorial adjunto, Francine Grodstein, profesora de Medicina del Hospital Brigham and Women, de Boston (EE UU), afirma que el estudio "tiene profundas implicaciones para la salud pública y la prevención de la demencia".


