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martes, 27 de enero de 2026

Amor a los libros


CARTA A MI HIJO SOBRE EL AMOR A LOS LIBROS

El ansia brutal de interpretar lo que se esconde entre las páginas de un libro y que provoca la ironía en aquellos que en el fondo no aman los libros, la desarrollé en la edad justa, en la adolescencia.

Tuve un profesor en el Bachillerato con el que nunca aprendí mucho inglés, pero que me enseñó qué era la literatura, y lo hizo sin sacralizarla, sin colocarse en un plano de superioridad.

Ha pasado mucho tiempo y ni siquiera sé si las pocas cosas que conozco de literatura me las enseñó él o si yo le atribuyo mis conocimientos como si se tratara de una caja a medio llenar. Si soy yo el que le atribuye al profesor lo poco que sé, le regalo también, de lo que he ido aprendiendo después, los intereses de capital que me ayudó a amasar.

Espero que puedas tener la misma suerte que yo, porque solamente ese tipo de personas podrá hacer que entiendas que la literatura, el sueño del que hablamos, no es sólo un juego intelectual, sino que es la única manera de entender el mundo, el único modo de utilizar de nuevo el cristal de la ambigüedad, ya en desuso.

No caigas en la trampa, Francesco, intentarán hacerte creer que la vida es más compleja que la literatura. No es verdad. La literatura es un mundo Análogo, donde los libros se hablan entre ellos: para entrar en él hay que ir dando saltos, de un lado a otro. Aunque después resulta difícil volver, porque los personajes seguirán hablándote, aconsejándote, haciendo que tomes decisiones. Es verdad que la vida y la literatura se entremezclan de una forma tan indisoluble como intensa.

¿Qué niño no ha imaginado en el cielo de una noche de verano, cuando no quería dormir, que veía el barco de Peter Pan? Quiero enseñarte a ver aquel velero, quiero decirte que también los libros serios, también los libros para mayores y también los que son difíciles sólo son veleros enmascarados, y tienen el mismo encanto que el velero de polvo de oro de Peter Pan. Y además, ¿sabes una cosa?, Francesco, apréndetelo bien: fíate de quien ama la lectura, fíate de quien siempre lleva consigo un libro de poesía. Mira con recelo a quien te diga que no tiene tiempo, que la literatura es algo hermoso, pero que sólo se lee cuando se es joven, y luego….miente, no le importa nada. Miente sabiendo que miente….


Roberto Cotroneo

lunes, 26 de enero de 2026

El sentimiento es el lenguaje del alma



Si quieres saber hasta que punto algo es cierto para ti, presta atención a lo que sientes al respecto.
A veces los sentimientos son difíciles de descubrir, y con frecuencia aún más difíciles de reconocer. Sin embargo, en tus más profundos sentimientos se oculta tu más alta verdad.
El truco está en llegar a dichos sentimientos.
Todo pensamiento humano, toda acción humana, se basa o bien en el amor, o bien en el temor. No existe ninguna otra motivación humana, y todas las demás ideas no son sino derivadas de estas dos. Son simplemente versiones distintas: diferentes variaciones del mismo tema.
El comportamiento humano produce una experiencia repetida tras otra; he ahí por qué los humanos aman, luego destruyen, y luego aman de nuevo: siempre con ese movimiento pendular de una emoción a la otra. El amor promueve el temor, que promueve el amor, que promueve el temor…
El temor es la energía que contrae, cierra, capta, huye, oculta, acumula y daña.
El amor es la energía que expande, abre, emite, permanece, revela, comparte y sana.
El temor cubre nuestros cuerpos de ropa; el amor nos permite permanecer desnudos. El temor se aferra a todo lo que tenemos; el amor lo regala. El temor prohíbe; el amor quiere. El temor agarra; el amor deja ir. El temor duele; el amor alivia. El temor ataca; el amor repara.
No se puede demostrar amor en tanto no se haya demostrado no amor. Una cosa no puede existir sin su contraria, excepto en el mundo de lo absoluto.
No juzgues, ni condenes, puesto que no sabes por qué ocurren las cosas, ni con qué fin.
Aquello que condenes te condenará, y un día serás aquello que juzgas.

Fragmentos del libro “Conversaciones con Dios” de Neale DonaldWalsch

domingo, 25 de enero de 2026

A mi niñez



Mi querida y recordada niñez:
Quizá te parezca extraño que después de tantos años sin vernos decida escribirte.
Ha pasado mucho tiempo, lo sé y desde entonces he ido acumulando en mis espaldas distintas primaveras que arrastro con grandes esfuerzos por tener el corazón repleto de otoños, que hacen que mi piel y mis cabellos comiencen a tener color de invierno. Mis fuerzas, a pesar de querer aliarse conmigo, han desistido en su empeño y han encontrado asilo en mis ilusiones, que aún tengo.
¡Si supieras! Cuantas lluvias me han empapado desde que nos separamos. ¡Si supieras! … ¡Cuantos riscos he trepado!, algunos con destreza y otros con tanta torpeza, que me han hecho llorar cientos de lunas llenas.
Hoy como tantas otras veces, me he puesto a recordarte y he tenido una necesidad tremenda de tenerte cerca y has invadido de tal forma mi memoria que he sentido una suave sensación de que aún me pertenecía. Embriagada de nostalgia me he puesto a jugar con mi fantasía y juntas, muy juntas las dos hemos volado por aquel jardín de mi infancia, por aquel jardín de flores, de ilusiones y temores, lleno de juegos ingenuos, lleno de solitarias charlas por habernos imaginado grandes amigos fantasmas. Y he recordado aquel altruismo que, día a día, tú me inyectabas, hoy lleno de telarañas porqué la inevitable experiencia de la vida no me deja ponerlo en práctica, ni ponerle alas.
Mi querida niñez, ¡cuánto te echo de menos!. ¡Cuánto te echo en falta!.
Aún recuerdo nuestras risas cuando hacíamos trastadas y nuestros miedos, tapándonos la cabeza con las sábanas, porque, al estar apagada la luz de la habitación, el volante que tenían las cortinas del balcón, hacía que nos parecieran perfiles de brujas y de gente mala. ¿Cómo pudimos sentir tanto miedo?.. Si nunca estuvimos tan resguardadas.
Aún recuerdo aquellas noches de Reyes que por culpa de los nervios mojábamos la cama y luego, al llegar la mañana, nadie tenía que tirarnos de la manta, nosotras éramos las que despertábamos a toda la casa y temblando de frío y de emoción corríamos hasta el salón y la terraza, aquella terraza donde nos engañaban con amor, poniendo agua para los camellos y comida para los pajes y siempre, ¡siempre! había sorpresas y lo más importante, muchas cosas “innecesarias”. ¡Si vieras! mi querida niñez, cuando te conviertes en adulta, ¡las cosas que te regalan!… todas, todas… son necesarias.
Aún recuerdo catarros curados sin prisas, con convalecencias largas y lentas, donde leíamos cuentos de hadas y libros con los relatos de “Celia”. Al atardecer cuando la suave fiebre, acentuaba la modorra, nos dormíamos pensando que éramos protagonistas de aquellas historias entrañables. Todas las vivencias que sentimos juntas pasan a una velocidad vertiginosa por mi mente: castillos de arena, colecciones de conchas, de cromos, de estampas, de recortables. ¿Te acuerdas cuando recogíamos los nidos de gorriones que caían al jardín para que mi perro no los destrozara?… ¿Recuerdas como vigilábamos las largas e interminables filas que formaban las hormigas, para que nadie las dispersara a golpe de escoba?… ¿Recuerdas en las tardes de lluvia como nos metíamos con las botas de agua por los sucios charcos de la calle?… ¡Hemos hecho tantas cosas juntas!… que es difícil olvidarlas. ¡Trepábamos árboles, muros, la fachada de la casa!, cazábamos “zapateros”, criábamos gusanos de seda. ¡Qué importante has sido en mi vida!. ¡Qué hermosa tu compañía!.
Querida y recordada niñez si supieras lo diferente que es todo ahora. Me parece mentira haber sentido el deseo querer abandonarte cuando estábamos juntas. ¿Recuerdas?… yo me quería hacer mayor, dejarte atrás y cruzar la verja de nuestro jardín. Y ahora, ya ves, cometo la locura de escribirte, quizá sea por la huella tan importante que me dejaste clavada.
Dejé el jardín para adentrarme en el bosque y el bosque me pareció hermoso y lleno de novedades y proyectos. Durante algún tiempo, no te eché de menos, hasta que comprendí que todo era diferente. Tú, con tu ingenuidad, tu inocencia y tu maravillosa fantasía, hacías que me sintiera vacunada, inmune a las cosas horribles y crudas, hacías que creyera que nunca me rozarían, ni me dañarían.
Aquí, en este bosque, es al contrario, cuando veo algo hermoso, algo que creo tan limpio como tú, me acerco de lleno a tocarlo, a darme… y se me convierte en una planta carnívora que intenta devorarme.
Quiero que sepas que ahora no juego, sino trabajo. No hago locuras pues estoy llena de responsabilidades y no tengo fantasías, los problemas han ocupado su lugar. Pero a pesar de todo esto, te recuerdo y he podido por unos instantes, unos momentos escapar del círculo donde me enredaron los años y escapar hacia ti escribiéndote esta carta.
Para mi ha sido muy reconfortante y agradable, tanto, que estoy evitando despedirme y no me queda más remedio que hacerlo. Soy consciente de que debo volver a la realidad, aunque sea más feliz recordando nuestro jardín y lo feliz que fui cuando las dos éramos una sola.

Desconozco el autor

sábado, 24 de enero de 2026

Quiero saber



Quiero saber qué haces para ganarte la vida. Quiero saber lo que ansías, y si te atreves a soñar en satisfacer el deseo de tu corazón.

No me interesa tu edad. Quiero saber si te arriesgarías a parecer como un tonto por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo.

No me interesa qué planetas están en armonía con tu luna. Quiero saber si has tocado el centro de tu pesadumbre, si las traiciones de la vida te han abierto, o si te has marchitado y cerrado por el miedo al dolor futuro.

Quiero saber si puedes sentarte con el dolor, sin intentar esconderlo, desvanecerlo o arreglarlo.

Quiero saber si puedes estar con la alegría, si puedes bailar con la locura y permitir que el éxtasis te llene hasta la punta de los dedos, sin advertirnos que seamos cuidadosos, que seamos realistas, o que recordemos las limitaciones de los seres humanos.

No me interesa si la historia que me cuentas es verdadera. Quiero saber si decepcionas a otros para serte fiel a ti mismo, si puedes soportar la acusación sin traicionar a tu propia alma.

Quiero saber si puedes ser fiel, y por lo tanto ser confiable.

Quiero saber si puedes ver la belleza, aún cuando no sea bella todos los días, y si puedes originar tu vida desde su presencia.

Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, y no obstante pararte a la orilla del lago y gritarle a la luna "¡Sí!" No me interesa saber en dónde vives o cuánto dinero tienes.

Quiero saber si puedes levantarte después de una noche de pesar y desesperación, cansado y golpeado hasta los huesos, y sin embargo hacer que un niño te sonría.

No me interesa quién eres o cómo llegaste aquí. Quiero saber si te pararás en el centro del fuego con quien ames, sin rehuir.

No me interesa en dónde o qué o con quién has estudiado. Quiero saber qué es lo que te sustenta desde adentro cuando todo los demás desaparece.

Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo, y si verdaderamente te agrada la compañía que buscas en los momentos vacíos.