viernes, 9 de enero de 2026

Aprendizaje animal

 

Algunos perros aprenden palabras escuchando conversaciones, como los bebés

Algunos perros no necesitan que se les hable directamente para aprender el nombre de un objeto, les basta con escuchar. Un estudio liderado por la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena y la Universidad Eötvös Loránd de Budapest muestra que un reducido grupo de perros con un vocabulario excepcional puede aprender nuevas palabras simplemente observando e “interceptando” conversaciones humanas ajenas, una habilidad que hasta ahora se consideraba propia de los bebés de poco más de un año.

Aprender sin ser el destinatario del mensaje

No todos los perros son iguales. El trabajo, publicado hoy en Science, se centra en lo que los investigadores han categorizado como “perros superdotados para aprender palabras”, animales que han demostrado conocer decenas —a veces más de un centenar— de nombres de objetos. Son una minoría muy poco frecuente, pero su comportamiento ofrece una ventana privilegiada a las bases cognitivas del aprendizaje del lenguaje.

“Estos perros adquieren espontáneamente etiquetas verbales durante interacciones cotidianas de juego, sin entrenamiento explícito”, explican los autores, una característica que los diferencia claramente del resto de perros domésticos.

En el experimento principal, los investigadores compararon dos situaciones. En la primera, el dueño se dirigía directamente al perro mientras le presentaba un juguete nuevo y pronunciaba su nombre. En la segunda, el perro permanecía al margen mientras dos humanos hablaban entre sí y mencionaban el nombre del objeto, sin mirarlo ni dirigirse a él en ningún momento.

El resultado mostró que los perros aprendieron igual en ambos casos. “Los perros con un gran vocabulario aprendieron nuevas etiquetas tanto cuando se les hablaba directamente como cuando simplemente observaban una interacción entre terceros”, recoge el artículo.

En bebés humanos de unos 18 meses ocurre algo muy parecido. Pueden aprender palabras nuevas escuchando conversaciones ajenas. El paralelismo, subrayan los autores, es funcional, no lingüístico, pero apunta a mecanismos sociales compartidos.

Claudia Fugazza, autora del estudio y responsable principal del proyecto, explica a La Vanguardia que no es fácil determinar cuándo emerge esta capacidad. “Los perros superdotados para aprender palabras son extremadamente raros y, cuando sus propietarios solicitan participar en nuestros estudios, normalmente ya son adultos. Sin embargo, se sabe que existen periodos del desarrollo en los que la plasticidad neuronal facilita el aprendizaje, y es probable que estos perros empiecen a aprender ya cuando son cachorros”, señala.

Similitud funcional con el aprendizaje temprano en niños

El protocolo para el resto de los experimentos también fue minucioso. Durante varios días, los perros fueron expuestos a dos juguetes nuevos, cada uno con un nombre inventado que no se parecía a ninguno conocido. Cada sesión incluía tres fases: un minuto de etiquetado verbal, tres minutos de juego sin mencionar el nombre y un periodo de exploración libre.

En una habitación con múltiples juguetes —antiguos y nuevos—, el dueño pedía uno por su nombre desde otra sala. Elegir correctamente no era trivial, pues en cada prueba había múltiples distracciones y ninguna señal visual.

Para evitar interpretaciones optimistas, los investigadores aplicaron análisis estadísticos y controlaron factores como el azar, la preferencia por objetos nuevos o el aprendizaje durante la propia prueba.

En un experimento final, los investigadores separaron temporalmente la palabra y el objeto. El perro escuchaba el nombre mientras el juguete estaba oculto. Aun así, muchos fueron capaces de establecer la asociación correcta.

“El hecho de que puedan aprender incluso cuando el objeto no está a la vista sugiere que no dependen únicamente de la coincidencia temporal”, señalan los autores. Dos semanas después, los perros seguían recordando los nombres, lo que indica que la información se había consolidado en la memoria.

Una pista sobre el origen del lenguaje

Los perros estudiados pertenecían mayoritariamente a la raza border collie, aunque también se incluyeron labradores retriever, pastores australianos miniatura, cruces de blue heeler con pastor australiano y un pastor alemán antiguo.

“Estos resultados no deben extrapolarse a todos los perros”, advierte el artículo. Se trata de una capacidad excepcional, probablemente fruto de una combinación poco común de predisposición individual y experiencia. Cuando el mismo protocolo se aplicó a perros normales, sin vocabulario previo, el aprendizaje no se sostuvo más allá de una aparente preferencia por la novedad.

El estudio demuestra que los mecanismos sociales que permiten aprender observando a otros —seguir la atención, interpretar intenciones, extraer información relevante— no son exclusivamente humanos. Aun así, aún se desconoce si este talento canino tiene una base genética o se ve facilitado por factores ambientales y de desarrollo.

“Nuestros hallazgos implican que algunas habilidades cognitivas relacionadas con el lenguaje pueden surgir en individuos con talento —atípicos— de una especie no lingüística”, afirma Fugazza. Y añade: “el lenguaje humano pudo apoyarse en capacidades de aprendizaje flexibles preexistentes, sin que ello implique que los perros comprendan el lenguaje humano como tal”.